Tarija y el turista perfecto
Pasaron el Panamericano Máster de Ciclismo y las principales fechas del turismo religioso, pero los resultados no parecen estar a la altura de las expectativas. Es hora de dejar las felicitaciones de lado, reconocer las dificultades y concentrar los esfuerzos en una estrategia realista
Tarija tiene motivos para sentirse orgullosa de lo que ofrece al visitante. Su paisaje, sus vinos, su gastronomía, sus tradiciones religiosas, su patrimonio paleontológico y la hospitalidad de su gente forman una combinación que pocas regiones pueden replicar. Sin embargo, tener atractivos no es lo mismo que construir un destino turístico. Entre una cosa y otra hay un trabajo menos vistoso, pero decisivo: conectar, organizar, atender, promocionar y, sobre todo, medir resultados.
Estamos en plena fecha decisiva del campeonato nacional de Rally, acaban de pasar el Panamericano Máster de Ciclismo y las principales fechas del calendario religioso y pronto llega el fin de año, es decir, oportunidades para movilizar visitantes y actividad económica. Es legítimo reconocer el esfuerzo de quienes organizaron y participaron en estos acontecimientos. Lo que no corresponde es confundir la realización de un evento con el éxito turístico, ni las felicitaciones protocolares con una evaluación de sus resultados. La pregunta no es cuántas delegaciones llegaron o cuántas actividades se programaron, sino cuántas noches se ocuparon, cuánto gastaron los visitantes, qué negocios se beneficiaron y qué quedó en Tarija una vez terminado el acontecimiento.
Faltan indicadores objetivos y comparables entre sí. Si los resultados no estuvieron a la altura de las expectativas, toca averiguar por qué. Puede haber influido la conectividad, el costo del transporte, la promoción insuficiente, la falta de paquetes integrados o una oferta que no terminó de convencer. Pero ninguna de estas hipótesis debería darse por cierta sin datos. Hace falta preguntar a hoteles, restaurantes, agencias, transportistas, comerciantes y organizadores; contrastar sus respuestas y publicar un balance que permita aprender. El turismo necesita entusiasmo, sí, pero también información.
El contexto tampoco ayuda. Las nuevas condiciones del mercado de combustibles y las dificultades que afectan a los vuelos pueden encarecer o complicar los desplazamientos desde el interior del país. –¡Acaban de autorizar otro incremento del 35% en el transporte interdepartamental!. Para una ciudad periférica como Tarija, cada conexión perdida, cada tarifa elevada y cada incertidumbre logística pesa más que para un destino con múltiples alternativas de transporte. No podemos diseñar una estrategia como si llegar aquí fuera sencillo, barato y previsible. La conectividad no es un asunto secundario: forma parte del producto turístico.
Tampoco podemos seguir hablando de internacionalización como si bastara con poner Tarija en un folleto para que el mundo descubra el departamento. Sin conexiones aéreas competitivas, sin articulación con rutas regionales y sin acuerdos comerciales que faciliten la llegada de visitantes, el mercado internacional seguirá siendo una promesa. La promoción exterior debe estar vinculada a itinerarios reales, operadores que puedan venderlos, transporte disponible y servicios capaces de cumplir lo que se anuncia.
Es hora, además, de abandonar la fantasía de que la solución llegará cuando aparezca un turista extraordinariamente rico dispuesto a pagar una fortuna por una experiencia exótica. Puede haber nichos especializados con alto valor, y conviene explorarlos si existen condiciones para hacerlo. Pero no se puede construir toda una política turística esperando al visitante perfecto, ni apostar el futuro del sector a una demanda que quizá nunca alcance el volumen imaginado.
Tarija necesita empezar por aquello que sí puede controlar. Un destino se construye en los detalles: señalización clara, baños públicos limpios, información actualizada, horarios confiables, seguridad, transporte ordenado, atención amable, precios transparentes y espacios patrimoniales bien cuidados. Se construye también cuando el visitante encuentra una experiencia que funciona de principio a fin, sin tener que improvisar cada traslado o descubrir por su cuenta qué está abierto y qué puede hacer. Ninguna campaña publicitaria puede compensar indefinidamente una experiencia deficiente.
La misma lógica vale para la oferta. En vez de dispersar recursos en decenas de iniciativas aisladas, Tarija podría concentrarse en productos concretos y vendibles: la Ruta del Vino y la gastronomía, las festividades religiosas, los circuitos de naturaleza y paleontología, las experiencias rurales y los eventos deportivos que realmente puedan atraer participantes y acompañantes. Cada producto necesita responsables, calendario, precios, transporte, promoción y metas verificables. La coordinación entre municipios, Gobernación, sector privado y comunidades no puede limitarse a las fotografías de una firma o a la inauguración de una feria.
También debemos asumir que no todos los visitantes buscan lo mismo ni dejan el mismo beneficio. El turismo interno, las escapadas de fin de semana, los viajeros vinculados a eventos y los mercados internacionales requieren estrategias distintas. Hay que saber cuáles tienen posibilidades reales, cuánto cuesta atraerlos y qué infraestructura necesitan. Ser realistas no significa renunciar a la ambición, sino ordenar las prioridades para que los recursos limitados produzcan resultados.
Las autoridades tienen una responsabilidad especial en este cambio de enfoque. Gobernar no consiste en celebrar cada actividad como un éxito, sino en identificar lo que no funcionó y corregirlo. Un balance honesto no perjudica a Tarija; la ayuda a mejorar. La autocomplacencia, en cambio, puede prolongar durante años los mismos problemas mientras el sector privado asume los costos y las oportunidades pasan de largo.
Tarija no necesita dejar de soñar con ser un gran destino turístico. Necesita convertir ese sueño en una tarea concreta, medible y compartida. Menos discursos sobre el potencial y más trabajo sobre las condiciones que permiten aprovecharlo. Porque el turismo no se construye esperando que alguien descubra nuestras virtudes por casualidad, sino haciendo que llegar, quedarse y volver sea cada vez más fácil. El visitante no tiene la obligación de enamorarse de Tarija: somos nosotros quienes debemos darle razones para hacerlo.





