La deuda pendiente con nuestros abuelos

Bolivia está envejeciendo y las políticas públicas aún responden a un país del pasado

Cada 26 de julio, Bolivia celebra a los abuelos y abuelas. Es una fecha cargada de afecto, reuniones familiares y homenajes merecidos. Sin embargo, detrás de los abrazos y los regalos existe una realidad que merece una reflexión más profunda: el país está envejeciendo y todavía no se prepara para ello.

Durante décadas, Bolivia fue considerada una nación eminentemente joven. Esa realidad comienza a cambiar. La esperanza de vida aumenta, las familias tienen menos hijos y la proporción de adultos mayores crece de manera sostenida. Es una buena noticia, porque vivir más años es uno de los mejores indicadores de desarrollo. El desafío consiste en garantizar que esos años adicionales puedan vivirse con dignidad.

El problema es que nuestras políticas públicas siguen respondiendo a un país que ya no existe. La mayoría de las ciudades continúa siendo poco amigable para las personas mayores. El transporte público rara vez está adaptado, las aceras presentan barreras permanentes, los espacios públicos ofrecen escasas condiciones de accesibilidad y los servicios de salud continúan priorizando la atención de enfermedades antes que la prevención, la rehabilitación y el acompañamiento propio del envejecimiento.

La respuesta tampoco puede limitarse a las pensiones. La Renta Dignidad constituye un avance importante en materia de protección social, pero una sociedad que aspira a respetar a sus mayores debe ofrecer mucho más que una transferencia económica. Necesita construir un sistema integral de cuidados, atención médica especializada, servicios de apoyo domiciliario, centros de día, programas de envejecimiento activo y políticas que combatan una de las formas más silenciosas de exclusión: la soledad.

En departamentos como Tarija, donde muchas familias han visto emigrar a sus hijos en busca de oportunidades, cada vez son más los adultos mayores que permanecen solos. Son hombres y mujeres que dedicaron su vida al trabajo, al campo, a la crianza de sus familias y al desarrollo de sus comunidades, pero que hoy enfrentan el paso del tiempo con redes de apoyo cada vez más frágiles.

Prepararse para este cambio demográfico no es un gasto; es una inversión en cohesión social. Los países que han anticipado el envejecimiento de su población comprendieron que las personas mayores no son una carga para el Estado, sino una fuente de experiencia, conocimiento y participación comunitaria. El desafío consiste en crear las condiciones para que continúen siendo protagonistas de la vida social y no simples receptores de asistencia.

También es momento de revisar nuestras ciudades. Una banca en una plaza, un paso peatonal seguro, una parada de transporte accesible, iluminación adecuada o una atención preferente que realmente funcione pueden parecer detalles menores. Para un adulto mayor representan, muchas veces, la diferencia entre mantener su autonomía o quedar aislado.

Bolivia necesita comenzar a hablar del envejecimiento con la misma seriedad con la que debate la educación, la salud o el empleo. El cambio demográfico ya está en marcha y seguirá profundizándose durante las próximas décadas. Esperar a que el problema se vuelva evidente sería repetir un error demasiado frecuente en la planificación pública.

Una sociedad se mide también por la forma en que trata a quienes construyeron su presente. Los abuelos no necesitan únicamente reconocimiento un día al año. Necesitan políticas que les permitan vivir con seguridad, autonomía, acceso a servicios de calidad y oportunidades para seguir participando plenamente en la comunidad.

En este Día de Santa Anita, símbolo de la tradición y de las raíces familiares, el mejor homenaje a nuestros mayores no debería limitarse a una celebración. Debería traducirse en el compromiso de construir un país donde envejecer no signifique perder derechos, independencia o calidad de vida.

Porque todos aspiramos a llegar a viejos. La pregunta es si estamos construyendo un país donde valga la pena hacerlo.


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