La nueva etapa de Paz y Estados Unidos
Las crisis siempre generan oportunidades, lo que hay que asegurar es que esas oportunidades sean aprovechadas por Bolivia, y no por aquellos dispuestos a hurgar en las heridas de la vulnerabilidad
El presidente Rodrigo Paz decidió apostar fuerte por Estados Unidos. No solo se trataba de recuperar la relación diplomática, que no hubiera sido difícil, sino de hacer notar al mundo que la época de Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS) y cualquier vínculo con el socialismo del siglo XXI o la izquierda bolivariana había terminado.
Paz siguió el manual ya puesto en práctica por Javier Milei en Argentina: Starlink; reconocimiento y apoyo desmedido a Israel; silencio ante los atropellos en el mar Caribe, distanciamiento de China “en nombre de la democracia” y allanamiento del camino hacia la DEA.
Las medidas además han ido acompañadas de intercambios de viajes y delegaciones y de algunas promesas más o menos encubiertas. El Gobierno de Paz activó un decreto que permitía el libre acceso a sectores estratégicos que interesan mucho en Estados Unidos: Litio y tierras raras entre otros, y – se supone – el secretario de Estado Marco Rubio está ayudando en las gestiones para obtener financiación multilateral en el BID (no en la CAF, donde no son parte) y en el FMI, aunque no está claro si lo del FMI es una ayuda o una camisa de fuerza.
El presidente ganó las elecciones y tiene derecho a dirigir la política internacional del país, aunque tampoco es un cheque en blanco. La política exterior de Bolivia, articulada por el asunto marítimo, pero también con asuntos multilaterales vinculados a la paz, a la cooperación y a la solidaridad internacional.
El mundo atraviesa momentos ciertamente convulsos en lo que se refiere a la cooperación y el multilateralismo. Si la irrupción de Donald Trump en 2016 puso varios consensos mundiales contra las cuerdas, su retorno en 2025 supuso un terremoto: la unilateralidad en la gestión del comercio y sus aranceles, la asimilación de la cooperación a la gestión comercial y empresarial de intereses o la propia forma de exigir la subordinación de terceros, especialmente a América Latina, va dando forma a un nuevo orden mundial que las potencias medianas ya reconocen pero que ha dejado noqueado al resto. Europa, Australia o Canadá tratan de buscar su espacio mientras los países sudamericanos, por ejemplo, parecen someterse a la deriva.
La conducta de Donald Trump, su desprecio por los demás países del concierto internacional y su calibración del valor del aliado en función de sus recursos admite tomar previsiones
Hasta el momento los bolivianos no hemos oído formular los límites ni marcos de esta nueva apuesta, pero la conducta de Donald Trump, su desprecio por los demás países del concierto internacional y su calibración del valor del aliado en función de sus recursos admite tomar previsiones. Aquello de “los amigos de la democracia” como parámetro no parece ser suficiente.
Trump ha convocado a “sus amigos” presidentes Latinoamericanos este 7 de marzo en Florida, y en un arranque de soberanía, el gobierno de Paz publicó que “decidió aceptar”. La agenda no ha trascendido, pero si el fin: Trump busca crear una alianza Sudamericana contra China – palabras más, palabras menos -, y cualquier acuerdo que allí se adopte subordinará la política exterior del país, y tendrá consecuencias para el conjunto del país, que es básicamente una pieza aparentemente de poca relevancia dentro del esquema “Donroe”. No se trata pues de un encuentro de amigos.
No conviene confundirse. No se trata de apostar por China o por EEUU. La potencia asiática ha tejido redes de cooperación Sur – Sur desde hacia varios años financiando infraestructuras logísticas, pero sobre todo ha facilitado el desembarco de sus empresas en el continente, operando sobre sectores estratégicos y adjudicándose millones en obra pública y el objetivo último probablemente, no dista demasiado. De lo que se trata es de ser capaz de desarrollar una estrategia de desarrollo apoyándonos en aquellos que tienen las mismas inquietudes, necesidades y potencialidades. Se trata de construir futuro con los vecinos. Se trata de creer en la Patria Grande para algo más que para evocar tiempos pasados o lanzar proclamas. Se trata de priorizar el plan propio.
Las crisis siempre generan oportunidades, lo que hay que asegurar es que esas oportunidades sean aprovechadas por Bolivia, y no por aquellos dispuestos a hurgar en las heridas de la vulnerabilidad. Es tiempo de estar despiertos.


