Compadres toma tu like

Frente a una época en la que se confunde amistad con seguidores y cercanía con algoritmos, el festejo propone una red social de carne y hueso.

El Jueves de Compadres marca, sin discusión, el punto de partida del Carnaval chapaco. Es el umbral simbólico de una de las celebraciones más identitarias de Tarija y el primer gran llamado a la convivencia festiva que desemboca, pocos días después, en Comadres, hoy convertida en el emblema carnavalero del departamento y en una cita de alcance nacional, también desde la mirada turística.

Aunque los registros históricos sitúan la tradición en épocas mucho más antiguas, lo cierto es que su consolidación como fenómeno social y cultural es relativamente reciente. En las últimas cuatro décadas, el encuentro íntimo entre amigos fraternos fue sumando capas: la estética, la música, la cueca, las camisas, el Campo de los Compadres, los rituales compartidos. La última es una “Entrada” que todo apunta a que se consolidará sin problemas más allá de la extrañeza inicial, y ese es uno de los secretos del Carnaval tarijeño, que se actualiza y se adapta sin perder del todo su sentido original.

Tarija se proyecta como anfitriona y eso exige algo más que hospitalidad doméstica: exige cuidado del espacio público y de las conductas que lo habitan.

Esa actualización le da hoy un valor adicional. En tiempos marcados por la virtualidad, por vínculos efímeros y relaciones mediadas por pantallas, celebrar la amistad cara a cara no es un detalle menor. Compadres reivindica el encuentro real, el abrazo, el regalo sencillo, la conversación sin filtros. Frente a una época en la que se confunde amistad con seguidores y cercanía con algoritmos, el festejo propone una red social de carne y hueso.

Compadres es, en ese sentido, una cita transversal. Jóvenes y adultos se encuentran, se reconocen, se muestran y también exageran. Hay alegría genuina, hay poses y hay excesos. Como en toda fiesta popular. En medio de debates contemporáneos sobre masculinidades, vale la pena mirar esta tradición sin prejuicios ni idealizaciones: su núcleo no está en la demostración, sino en el compartir. Y eso sigue intacto.

Desde hoy, el Carnaval entra en escena de manera formal. Y con ello llega también una responsabilidad colectiva. Que la fiesta transcurra con normalidad no es una consigna menor: implica moderación en el consumo de alcohol, prudencia al volante, cero tolerancia a la violencia, a los abusos, a los delitos que empañan lo que debería ser celebración. Tarija se proyecta como anfitriona y eso exige algo más que hospitalidad doméstica: exige cuidado del espacio público y de las conductas que lo habitan.

Luego vendrán, como siempre, las lecturas. Para algunos, el éxito se medirá en ocupación hotelera y movimiento económico; para otros, en la ausencia de titulares policiales; para otros, en la capacidad del Carnaval de funcionar como válvula social, como encuentro, como tregua necesaria. Tal vez el mejor escenario sea aquel en el que todo eso conviva, sin estridencias.

El Carnaval chapaco ya no es solo una fiesta local: es una referencia regional y un atractivo para visitantes de dentro y fuera del país. Cuidarlo es una tarea compartida. Disfrutarlo, también.

Desde El País, el deseo es simple y profundo a la vez: que estas jornadas se vivan con alegría, respeto y convivencia. Que, por encima de todo, reine la paz


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