Internet y la geopolítica

Quien se muestra susceptible con estas cosas pasa a ser tildado de “conspiranoico”, pero es evidente que la lucha por el control de los datos es central en la geopolítica de hoy

Era un hecho, pero caray que ha sido rápido. El gobierno de Rodrigo Paz Pereira ha entregado el control de las comunicaciones nacionales a la empresa privada Starlink, una compañía norteamericana propiedad ni más ni menos que del multimillonario Elon Musk, que si algo tiene claro es que de ideología sí se come y que la soberanía es internet.

Musk, heredero de unas concesiones mineras en Sudáfrica fue uno de los pioneros de Silicon Valley con proyectos a gran escala para el siglo XXI. Su negocio más sólido es el de los autos eléctricos de Tesla – curiosamente uno de los objetos de crítica feroz de las ultraderechas a las que Musk se adscribe -. Después empezó con el control del espacio con Space X, siendo Starlink uno de los pilares centrales: ofrecer internet de calidad a escala planetaria mediante satélites privados.

El argumento es obvio: Soberanía, espionaje. La estrategia de sumisión también: resignación, fe, creer.

En Bolivia, donde usamos fotocopias de carnet y facturas de luz y agua hasta para entrar a baño público, lo de la protección de datos suena a mandarín. Nuestro amparo es la semiclandestinidad. Calles sin nombre, casas sin número, padrones olvidados, carnets duplicados y sí a todas las notificaciones y cookies.

Ojo que el asunto acaba siendo parecido en todos lados. Hay en países donde se han desarrollado sesudas normativas sobre Protección de Datos y mil formas de que el usuario pueda guardar celosamente su información, pero igualmente aparecen estafas y promociones invasivas. Gente que negocia con lo que cree que nos gusta.

Por lo general, quien se muestra susceptible con estas cosas pasa a ser tildado de “conspiranoico”, pero es evidente que la lucha por el control de los datos es central en la geopolítica de hoy. La información ha sido poder toda la vida, y lo sigue siendo en internet, por muchos servicios de encriptado que los mismos operadores te ofrezcan.

El otro gran argumento de debate en estos temas suele venir por comparación: “mejor los gringos que los chinos, o los rusos”, por lo que no deja mucho margen a la discusión. Las grandes empresas tecnológicas del mundo están en Estados Unidos y se han extendido por occidente sin apenas oposición. Quienes lo han intentado, como Brasil, Australia o alguna vez la Unión Europea, han acabado cediendo en base a protocolos y promesas. Sin embargo, el Congreso de Estados Unidos sí obligó a partir la china TikTok en tres para permanecer en el país, y las tensiones aún así siguen.

El argumento es obvio: Soberanía, espionaje. La estrategia de sumisión también: resignación, fe, creer.

Bolivia necesita un salto tecnológico importante, que va más allá de autorizar firmas digitales - que por cierto ahora pasarán por los canales del millonario Elon Musk – o crear nuevas plataformas para seguir regalando más datos.

Aceptar el momento actual es una cosa, resignarse otra. Siempre debe caber otra opción. Es evidente que el individualismo conduce a las naciones más golpeadas a la melancolía, pero siempre queda la posibilidad de encontrar aliados y construir sinergias con aquellos con los que más se comparte, entre otras cosas, una visión del mundo global.

Son tiempos difíciles en la geopolítica y no conviene perderse. La euforia acrítica, desde luego, no es el camino.


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