Sudamérica, prudencia y oportunidades

La prudencia no es pasividad: es proteger lo que nos pertenece y apostar por un futuro colectivo en un mundo donde la solidaridad ya no es la norma

En un mundo donde los liderazgos internacionales parecen moverse a golpe de capricho y confrontación, las tensiones se acumulan y los conceptos de cooperación y solidaridad parecen estar en retirada. La administración de Donald Trump, con sus pulsos a Europa, a la OTAN, sus concesiones a China y Rusia y su mirada soberbia sobre América Latina, ha reavivado un clima de incertidumbre que conviene observar con atención.

Muchas voces hablan ya de un “nuevo Orden Mundial”, mientras China y Rusia siguen expandiendo su influencia y reparten espacios de poder con pragmatismo y ambición. Donald Trump ha dado jaque a la ONU creando su propia “Junta de Paz”, que inicialmente pretendía atender Gaza, pero se ha consolidado una suerte de Fondo de Inversión para la reconversión e intervención en lugares “atractivos” y nadie sabe exactamente cuál será el siguiente paso.

La archiconocida cumbre de Davos en Suiza, que es donde los políticos acuden a rendir cuentas a los archimillonarios, se convirtió este año en una suerte de catarsis donde los países “medianos” quisieron apuntar alguna alternativa… y donde Trump hizo su propio festín: exigencias, amenazas, burlas y muy pocas soluciones.

En este contexto global, Bolivia no puede permitirse distraerse con conflictos ajenos ni apostar por estrategias que la coloquen como peón en juegos extraños. La prioridad debe ser regional: sumar sinergias con los países vecinos, fortalecer la integración sudamericana y consolidar bloques de cooperación que beneficien el desarrollo y la estabilidad.

Las narrativas suelen esconder venenos peligrosos. En Bolivia se intenta posicionar el “favor” que nos está haciendo Estados Unidos, pero lo cierto es que ni el endeudamiento externo (que es grande y no tan barato) con el BID (EEUU no tiene nada que ver con la CAF), ni la llegada de Starlink, ni las otras donaciones compensa mínimamente las concesiones o giros diplomáticos dramáticos ya dados sin ninguna garantía.

Nuestra riqueza natural, nuestros recursos estratégicos y nuestra posición geográfica son activos que deben ser administrados con prudencia, lejos de protagonismos que solo atraen riesgos y sobre todo, con mucha dignidad.

El país tiene margen para actuar con inteligencia: diplomacia constante, acuerdos económicos y cooperación científica y tecnológica que aporten a toda la región. La magnitud del cambio político y la zozobra mundial atormentada por el torbellino Trump da una especie de oportunidad para que Bolivia deje de mirar solo a los gigantes y comience a construir sus propias fortalezas en una Sudamérica más unida, donde la integración sea una estrategia de seguridad, desarrollo y soberanía. La prudencia no es pasividad: es proteger lo que nos pertenece y apostar por un futuro colectivo en un mundo donde la solidaridad internacional está lejos de ser la norma.


Más del autor
El castigo de los avaros
El castigo de los avaros
Tema del día
Tema del día
La salud también se educa
La salud también se educa