Tarija de moda, turismo en riesgo

Tarija atrae miradas, eventos y visitantes, pero el encarecimiento de pasajes, combustibles y la falta de políticas de apoyo ponen en riesgo un sector clave para el desarrollo postgasífero

En los últimos meses, Tarija parece haberse puesto de moda. Una suerte de fiebre nacional recorre el país y, especialmente en el eje central, el departamento se ha convertido en destino preferido para bodas, eventos sociales, escapadas de fin de semana y vacaciones planificadas con antelación. La imagen de Tarija como territorio amable, seguro, hospitalario y con una oferta gastronómica y vitivinícola singular ha calado hondo. No es casualidad: es el resultado de años de esfuerzo privado, de marca construida casi sin ayuda estatal y de una identidad que, pese a todo, sigue seduciendo.

En diciembre el Ministerio de Turismo llegó a Tarija para “lanzar la temporada alta de turismo en el país. El gesto simbólico fue celebrado como un reconocimiento largamente esperado. Sin embargo, desde entonces, la sucesión de noticias ha ido exactamente en la dirección contraria al discurso.

Los pasajes aéreos se encarecieron de forma sostenida a la vez que los vuelos mermaban, reduciendo la accesibilidad de un destino que depende en gran medida del transporte aéreo. El incremento del precio de los combustibles golpeó con especial dureza a un departamento distante de los grandes centros urbanos, encareciendo el transporte terrestre y la logística de toda la cadena turística. A más, se ha impuesto un precio todavía más alto para turistas argentinos que también suelen llegar hasta el departamento. A ello se suma la ausencia de medidas concretas de alivio, incentivo o promoción estructurada que permitan a los emprendedores consolidar su crecimiento y planificar a mediano plazo.

Tarija ya hizo su parte. Construyó una marca, atrajo miradas y despertó deseo. Ahora hace falta que el Estado haga la suya

Tarija no vive solo de su encanto. Vive del trabajo cotidiano de pequeños y medianos emprendimientos: hoteles familiares, restaurantes, bodegas, guías turísticos, transportistas, artesanos y organizadores de eventos que han apostado por el turismo como alternativa real de desarrollo en un escenario postgasífero. Para ellos, la “moda” es una oportunidad, pero también un riesgo si no viene acompañada de condiciones mínimas de estabilidad.

El turismo es una industria sensible. Depende de la previsibilidad, de los costos, de la conectividad y de la confianza. No se construye únicamente con campañas, actos oficiales o declaraciones optimistas. Se construye garantizando acceso, conteniendo precios estratégicos, mejorando infraestructura y sosteniendo políticas públicas coherentes en el tiempo. Cuando esas condiciones fallan, el entusiasmo se diluye rápidamente y la demanda busca otros destinos más accesibles, aunque sean menos atractivos.

Tarija tiene virtudes de sobra: clima, paisaje, gastronomía, vino, cultura, tranquilidad y una identidad propia que no se improvisa. Pero esas virtudes no se sostienen solas frente a un contexto económico adverso. Pretender que el turismo florezca sin cuidar los factores estructurales que lo hacen viable es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, irresponsable.

Si queremos que Tarija sea algo más que una moda pasajera, necesitamos una apuesta decidida y coherente. Garantizar conectividad aérea razonable, evitar que los costos energéticos expulsen a visitantes y operadores, y acompañar con programas reales de apoyo a los emprendedores no es un favor: es una inversión estratégica para el país.

Tarija ya hizo su parte. Construyó una marca, atrajo miradas y despertó deseo. Ahora hace falta que el Estado haga la suya: asegurar estabilidad y acceso para que el turismo no sea solo una temporada exitosa, sino un pilar sostenible del desarrollo regional. Sin eso, la moda pasará. Y con ella, una oportunidad que Bolivia no debería darse el lujo de desperdiciar.


Más del autor
El castigo de los avaros
El castigo de los avaros
Tema del día
Tema del día
La salud también se educa
La salud también se educa