El 50 y 50 y la batalla subnacional
Es tiempo de buscar otras fórmulas de gestión y es Rodrigo Paz el que tiene que liderar el proceso junto a aquellos que sean elegidos libremente, por sus cualidades de gestión y liderazgo
Quién más quién menos ha llegado a la misma conclusión: la autonomía en Bolivia no ha despegado porque el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) nunca la quiso. Y es verdad. No estaba en el proyecto original ni en ninguna otra parte de su ideario hasta que la movilización popular del ori9ente (con muchos bloqueos, por cierto) hizo que el asunto no solo se considerara, sino que se incorporara como capítulo completo a la Constitución.
Decir que ha fracasado es técnicamente incorrecto, entre otras cosas porque la mitad del país ni siquiera ha aprobado sus Estatutos Autonómicos y funcionan en base a una Ley que da soporte a cierta institucionalidad, pero que en realidad no tiene norte.
En la otra mitad, en el oriente, hay experiencias dispares entre los que creyeron más en ella y los que se subieron a un tren sin tener muy claro cual sería el destino final. Hay quien la ejerce con mayor convicción y quien simplemente hizo como que aquello no había pasado.
Tarija se inscribe por cierto en los primeros. Con todos los problemas y errores cometidos, es el departamento que más ha desarrollado sus propios órganos de gobierno y diferentes leyes que prestan servicios, aunque no nos hayamos atrevido nunca a ir más allá con los grandes temas, como los impositivos o regulatorios. No ha pasado lo mismo en el Chaco, donde el enfoque se centró en los recursos y el ánimo autonomista se evaporó con esos recursos, aunque los altos cargos sigan siendo sujeto de atracción política.
La autonomía planteada en la Constitución siempre tuvo un problema competencial: en la distribución de competencias exclusivas y concurrentes, todo acabó siendo de todos y nada de nadie. El tema se cerró aún más después con la Ley Marco de Autonomía que sometía férreos controles sobre los gastos y toma de decisiones, siempre con las amenazas de débitos automáticos en función de las simpatías del Gobierno, y se acabó sepultando con la simulación de un “nuevo” Pacto Fiscal que esencialmente no cambió nada. Los recursos siguieron y siguen en poder del Gobierno Central salvo el 11% de regalías que se permite que las Gobernaciones productoras de hidrocarburos administren directamente, mientras el resto las administra el nivel central para los no productores.
Casi todos los candidatos hicieron propuestas de redistribución de recursos durante la campaña, Samuel Doria Medina y Rodrigo Paz, que al final convergieron, apostaban muy claramente por el “50 y 50”, que se convirtió en eslogan, aunque nadie supo explicar muy bien a qué se refiere: ¿El 50% de la renta petrolera? ¿De la coparticipación tributaria? ¿De la que se genera en el propio departamento? ¿50% distribuido por población? ¿Por territorio? ¿Por índice de desarrollo humano? ¿Por afinidad política?
Acabada la elección se evidenció que el asunto era mucho más complejo y todo quedó pendiente del diálogo y la oportunidad. Con unas elecciones subnacionales en puertas y varios compromisos hechos sobre la no reelección, parecía que el Gobierno iba a apostar por mantenerse al margen de la batalla territorial para poder abordar sin facturas uno de los temas centrales y urgentes de la administración en Bolivia, que pasa precisamente por hacer que las autonomías funcionen bien para que administren eficientemente los recursos desde el territorio.
Aunque no pudo evitarlo, la semana pasada el presidente hizo el compromiso de trabajar con todos los ganadores para lograr ese nuevo modelo de gestión, que sin duda requiere de muchas explicaciones y debates y que no se puede hacer a la ligera, pero tampoco postergarlo para siempre.
Competencias claras, recursos estables y responsabilidades asumidas son la fórmula para que este enorme país tan desconectado pueda articularse sobre sus regiones, ser más eficiente y explotar sus potencialidades para generar nuevas oportunidades. La fórmula centralista lleva dos siglos fracasando. Es tiempo de buscar otras fórmulas y es Rodrigo Paz el que tiene que liderar el proceso junto a aquellos que sean elegidos libremente, por sus cualidades de gestión y liderazgo, sin otros condicionantes que como saben, nunca gustaron demasiado, sobre todo en Tarija.


