La reforma estructural de la Educación

No hay nada que impacte más en el desarrollo de un país que la inversión que se hace en la educación. Si hay una revolución pendiente, es precisamente ahí.

Cada 24 de enero, el mundo debería detenerse para conmemorar el Día Internacional de la Educación, un tema del que se habla mucho más de lo que presupuesto se asigna, y que sigue siendo clave para el desarrollo personal, familiar y nacional.

Más allá de los discursos protocolares y las celebraciones simbólicas, esta fecha debe servir como un espejo incómodo de la realidad que enfrentamos y como una exigencia ineludible para quienes ostentan el poder. Hoy, el llamado es directo para el gobierno de Rodrigo Paz para lo que debe ser una de las grandes prioridades sobre las que actuar: la educación no puede seguir siendo un gasto en la planilla estatal; debe ser la inversión más audaz de su gestión.

La educación es un derecho humano consagrado y un bien público. No es una concesión del Estado, sino una responsabilidad colectiva

La educación es un derecho humano consagrado y un bien público. No es una concesión del Estado, sino una responsabilidad colectiva. Como bien señala la ONU, es la base de una sociedad justa y el motor que aumenta la productividad y el crecimiento económico. Sin una reforma de fondo, estamos condenando a las futuras generaciones a un ciclo de pobreza y desigualdad.

Los datos globales son alarmantes y deben servirnos de advertencia:

250 millones de niños y jóvenes en el mundo no están escolarizados.

617 millones de niños no poseen los conocimientos básicos de lectura y matemáticas.

En los países en desarrollo, aunque la matrícula es alta, la deserción sigue siendo una herida abierta: 57 millones de niños matriculados no asisten a clase.

El compromiso con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 no debe ser solo un eslogan de campaña. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para 2030 exige que se implementen reformas que vayan a la raíz del problema:

Infraestructura y Acceso: No basta con construir aulas; hay que asegurar que la educación llegue a las zonas más vulnerables.

Calidad Docente: Invertir en la formación continua de quienes tienen en sus manos el futuro del país.

Eliminación de Brechas: Erradicar la desigualdad de género y de riqueza que impide que los talentos más brillantes lleguen a la educación superior.

Este año, la UNESCO nos desafía con un lema potente: "El poder de la juventud en la cocreación de la educación". Es una crítica directa a la verticalidad de nuestros sistemas actuales. "Los jóvenes menores de 30 años representan más de la mitad de la población mundial, pero rara vez se les consulta sobre cómo quieren aprender."

El Gobierno de Rodrigo Paz tiene ante sí una magnífica oportunidad para dejar huella en Bolivia. La filosofía que subyacía bajo la Ley Avelino Siñani nunca fue asumida por ningún estamento y su aplicación ha sido absolutamente irregular. Nunca pasó de ser una pequeña “conquista política” que nunca llegó a revolucionar la educación. Se construyeron colegios, sí; se mejoraron los salarios de los profesores; también, pero el salto en el rendimiento académico nunca apareció.

Bolivia necesita reformas profundas en todo el sistema educativo, que no pasan solo por orientar la formación a la profesionalización, pero sí por eliminar muchos de los dogmas instalados y obligar a crecer en su conjunto a la comu8nidad educativa.

No hay nada que impacte más en el desarrollo de un país que la inversión que se hace en la educación. Si hay una revolución pendiente, es precisamente ahí.


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