Pulso o votos

En Bolivia se vota con conciencia, sabiendo que es el mejor camino para resolver las diferencias, aunque eso no signifique garantías ni evite medidas extremas en el caso de que la situación colapse

Confiar en las encuestas a estas alturas del partido se hace cada vez más complicado, pues la intención hace tiempo no es revelar la fotografía del momento, sino consolidar una tendencia. En toda la serie de encuestas que se han publicado en Bolivia en esta larga campaña electoral se han fijado una serie de ideas que bien vale la pena anotarlas, para lo que pueda venir en el futuro.

Según las encuestas y sus análisis, el cambio de tendencia es un hecho. Bolivia dejará de votar a la izquierda y votará a la derecha. Al menos así lo repiten los operadores y los militantes. Al detalle es complejo de explicar, porque considerar al Movimiento Al Socialismo (MAS) como una propuesta de izquierda exige forzar las categorías de análisis. También a la inversa: el que lidera las encuestas es Vicepresidente de la Internacional Socialista, que puede ser socialdemocracia, pero en ningún caso aceptarían ser “derecha”; Rodrigo Paz, candidato del PDC e hijo del MIR, insiste en que es una propuesta de centro, y Manfred Reyes Villa es una propuesta nacionalista que puede colocarse a la derecha por su gusto autoritario y su perfil conservador, pero no por su devoción del libre mercado.

La continuidad de un Tribunal Constitucional de facto, al margen de lo que dispone la Constitución, con un Gobierno que no hace cumplir esas disposiciones, convierte todo el proceso democrático en un esfuerzo al margen de la normalidad institucional

Sin tener siquiera estos aspectos básicos claros entre el electorado, Bolivia se encamina a una elección en medio de una crisis económica de la que todos prometen salir con recetas coyunturales y sin demasiado fondo ideológico. Al menos sin explicar demasiado a fondo nada, ni lo que supone acudir al FMI, ni lo que supone “destruir la Aduana”, ni lo que supone eliminar la subvención a los combustibles, ni nada mucho más allá que la promesa de un mundo mejor de forma inmediata argumentando con la fe y con el pensamiento mágico que a la racionalidad o al sacrificio.

Muchas cosas aún pueden pasar en esta semana, sobre todo atendiendo al histórico de votación. En Bolivia se vota con conciencia, sabiendo que es el mejor camino para resolver las diferencias, aunque eso no signifique garantías ni evite medidas extremas en el caso de que la situación colapse. Solo la historia del siglo XXI ya lo atestigua.

Cada elección es histórica y decisiva, la actual ha tenido condimentos complicados que la han puesto al límite del descarrilamiento, y de hecho, todavía quedan dudas de si llegará a buen puerto. La continuidad de un Tribunal Constitucional de facto, al margen de lo que dispone la Constitución, con un Gobierno que no hace cumplir esas disposiciones, convierte todo el proceso democrático en un esfuerzo al margen de la normalidad institucional.

Fuera de esta elección han quedado dos opciones con indudable capacidad de representación al margen de otras consideraciones. Jaime Dunn y Evo Morales – o a quien quisiera designar ese bloque de población – no están en la papeleta y ahora serán los bolivianos los que determinen la legitimidad de un proceso, canalizando las pulsiones hacia opciones electorales o hacia la confrontación callejera. No es menor el conflicto ni la determinación.

Es tiempo de confiar en el sistema: es hora de votar.


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