Las certezas del TSE

El Tribunal Supremo Electoral debe concentrarse ya en dar garantías a los ciudadanos, y eso implica demostrar la valentía para asumir las decisiones

Con renuncia o sin renuncia del vocal Óscar Hassenteufel, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) está llegando a la fecha clave con todos los problemas posibles que una elección podría reunir en este momento, y de entre todos, es el evidente miedo a tomar decisiones que parece haber inundado la Sala Plena.

No es la primera vez que trasciende una renuncia de Óscar Hassenteufel al Tribunal y que posteriormente es “matizada” como marco de acuerdos generales que jamás se publican, pasó en la previa a la segunda Cumbre Multipartidaria por la Democracia y pasó también en la reasignación de cargos al inicio de esta gestión definitiva, cuando renunció al cargo de Presidente para ocupar la Vicepresidencia dejando acéfala la institución y por ende, cubriéndola interinamente.

La jugada fue maestra, probablemente milimetrada, pues el Tribunal se encontraba en aquel momento con seis vocales ya que una de ellas, Nancy Gutiérrez, decidió que el momento central de su mandato, que pasa por administrar la elección, era un buen momento para tomarse una larguísima vacación. Un Tribunal de seis sin presidente implica que no hay voto de calidad para decidir en caso de empate. Cuestiones de la responsabilidad penal, pero también de la mala conciencia.

La elección sigue amenazada aunque la lógica de la campaña superponga temas sin cerrar los anteriores

Hassenteufel no es nuevo en estas lides ni mucho menos, se prodigó en los 90 y aparece como informante de la Embajada de Estados Unidos en los cables publicados de Wikileaks a los que nadie quiere prestar demasiada atención, por si las moscas. Aún así fue avalado por la mayoría de aquella Asamblea Plurinacional que quedó muerta de miedo en 2019, con mayoría del MAS pero con Arturo Murillo pidiéndole a Áñez un decreto para cerrar el hemiciclo. Cosas de las negociaciones.

Este tipo de escandaletes y recelos, además de la forma sibilina de lanzar excusas o concentrar la atención en temas de procedimiento de segundo orden amenazan con minar la credibilidad de un Tribunal siempre signado de “obedecer al Gobierno”, aunque sus decisiones más parezcan haber beneficiado a otros bloques políticos.

La elección sigue amenazada aunque la lógica de la campaña superponga temas sin cerrar los anteriores. Todo el bloque liberal que representaba Jaime Dunn ha quedado fuera, y también el bloque de Evo Morales, que además no quiere dar su brazo a torcer y parece apostar por la desestabilización final.

Además de esto, sigue habiendo detalles en el aire, como el funcionamiento del sistema de transmisión rápida de datos y una validación pública del padrón electoral que sirva para que los participantes no recurran al comodín para tratar de deslegitimar una elección que, por otro lado, es recurrente en todos los escenarios.

El Tribunal Supremo Electoral debe concentrarse ya en dar garantías a los ciudadanos, y eso implica demostrar la valentía para asumir las decisiones y no esconderse detrás de vacaciones, cálculos u otras dolencias.

Bolivia se juega mucho en la próxima elección y ciertamente, lo de tener un árbitro en el que no se confía ya lo hemos vivido. Y no salió bien para nadie.


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