Tarija en bicicleta: la oportunidad

Tarija tiene condiciones ideales para fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte urbano, pero los avances registrados parecen responder a la cuota y no a una verdadera voluntad política

La bicicleta no es solo un vehículo. Es también una herramienta social, una declaración de principios y una apuesta por ciudades más humanas. En un mundo que avanza hacia la sostenibilidad urbana, muchas ciudades han redescubierto en el ciclismo cotidiano una respuesta eficaz a varios de sus grandes problemas: el congestionamiento, la contaminación, el sedentarismo, la inseguridad vial, incluso la desigualdad. Tarija, por sus características geográficas, climáticas y de escala urbana, tiene todo para sumarse a ese camino y desde hace una década se van sumando iniciativas, normalmente coincidentes con el periodo electoral, que acaban quedando aisladas sin continuidad.

El uso de la bicicleta en Tarija como medio real de transporte sigue siendo marginal, casi simbólico. Se limita en buena parte a segmentos jóvenes que la utilizan como recurso recreativo o deportivo, algunos trabajadores que la utilizan para movilizarse a barrios periféricos, como albañiles, y algún que otro concienciado que ha logrado acomodar su rutina para combinar deporte y seguridad. Falta la apuesta institucional seria que la coloque en el centro del modelo de movilidad urbana. Hoy, la infraestructura ciclista ha mejorado sustancialmente con la ciclovía en la Avenida, pero sigue faltando su tramo central – aunque sería relativamente sencillo adecuar la acera interna del carril central – y sigue desconectada de los barrios. La falta de ciclovías seguras, señalización específica, parqueos y campañas educativas hace que subirse a una bicicleta sea, más que una elección racional, un acto de valentía.

La bicicleta no es el transporte del pasado: es una clave del futuro. Y Tarija tiene todo para pedalear hacia ese horizonte, si se lo propone.

Sin embargo, los beneficios de una ciudad que promueve el ciclismo están ampliamente demostrados. La bicicleta mejora la salud pública, reduce los niveles de dióxido de carbono, descomprime el tráfico vehicular y ahorra millones en infraestructura vial. No contamina, no hace ruido, no gasta combustible. En una Tarija con niveles de congestión crecientes, un parque automotor en expansión y una tendencia preocupante hacia la motorización privada, apostar por la bicicleta sería no solo valiente, sino inteligente.

Además, la bicicleta democratiza la ciudad. Permite a quienes no pueden acceder a un vehículo privado movilizarse con autonomía, dignidad y rapidez. Y en tiempos de crisis económica, donde cada peso cuenta, representa una opción viable para estudiantes, trabajadores, vendedores y vecinos en general. No hay movilidad sostenible posible si no se incluye a quienes caminan o pedalean.

El municipio de Tarija debe completar esta agenda y sostenerla como prioritaria. Es necesario actualizar el Plan de Movilidad Urbana, construir una red real de ciclovías, retomar el sistema público de bicicletas compartidas, capacitar a la policía de tránsito y fomentar en las escuelas la educación vial para ciclistas y automovilistas. Pero sobre todo, se requiere voluntad política para entender que una ciudad moderna no es aquella que facilita el auto privado, sino aquella que cuida a quienes usan el espacio común.

Tarija puede ser referente nacional si se decide por la movilidad activa. No hace falta inventar nada nuevo: solo hace falta mirar con seriedad lo que ya funciona en muchas otras ciudades. Porque en la bicicleta no solo se mueve un cuerpo: también se puede mover una ciudad hacia un futuro más sano, más justo y más vivible.


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