La nacionalidad del capital agroindustrial
En Paraguay celebran la llegada de capitales bolivianos al país mientras en Bolivia se sigue dudando de la responsabilidad con los dólares
Dos noticias de la prensa paraguaya pasaron bajo el radar el fin de semana: una celebraba la gran cantidad de capital boliviano que desde hace 20 meses se está instalando en el vecino país del Paraguay. La otra también festejaba que uno de los grandes bancos del país, el Banco Nacional de Bolivia (BNB) expandía operaciones, sobre todo en bienes raíces, también en el vecino país.
El asunto sería festejable si se tratara realmente de una internacionalización de los negocios agropecuarios o de la construcción en un nuevo país, es decir, encontrar nuevas fuentes de negocio articuladas desde Bolivia, que sería donde en última instancia se repatriarían las utilidades, pero es evidente que no estamos ante ese fenómeno, sino uno muy diferente, probablemente el contrario.
La economía no es una ciencia exacta sino que tiene dimensiones sociales y nacionales que deben tomarse en cuenta
Paraguay es cuna de la agroindustria soyera y con un régimen fiscal cuestionado por sus vecinos más poderosos. Por su proximidad, es evidente concluir que la mayoría de esos capitales que se están instalando en ese país proceden precisamente del agronegocio boliviano. No es un fenómeno exclusivo de ese rubro: muchos de los capitales que se dedican a la minería en Bolivia también tienen su domicilio en Chile o Perú.
El tema no se expuso en la reciente cumbre de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), ni de lejos, y no hay un detalle de los negocios que se están instalando al otro lado de la frontera, pues para eso seguimos formando parte de la lista gris del GAFI que impide rastrear capitales, pero con alta probabilidad se trata del mismo negocio y las mismas utilidades generadas en Bolivia, con su diésel subvencionado, su energía subvencionada, sus semillas autorizadas e, incluso, sus créditos vía Gestora Pública de Pensiones, y que por arte de magia se están quedando en el otro lado de la frontera.
Y en este punto siempre es bueno recordar que el 52% de los recursos que los trabajadores hemos depositado en la Gestora Pública de Pensiones están en el sistema financiero, es decir, en los bancos, esos mismos que después complican cualquier acceso al crédito, que ejecutan sin miramientos, que promueven inversiones en países AAA, seguramente muy necesitados de nuestro ahorro nacional, y ahora, también, consolidan inversiones en Paraguay mientras escasean los dólares en el país.
El asunto es central, pero muy pocos candidatos están exponiendo este tema y solo algunos hablan de los 7.000 millones de dólares que se han quedado en el extranjero afectando a la estabilidad cambiaria y a las Reservas Internacionales. Algunos hablan de ser “patriota” y la mayoría, para no restarle presión al gobierno, habla de seguridad jurídica y de dar incentivos para su repatriación, pero lo cierto es que el régimen tributario del agro en Bolivia es extraordinariamente bajo y sus condiciones de operación altamente rentables.
Todos los proyectos de industrialización de recursos naturales en el país vía nacionalización han sido duramente criticados dando por sentado que el Estado no debe embarcarse en aventuras empresariales, y ahí la dicotomía explota. La economía no es una ciencia exacta sino que tiene dimensiones sociales y nacionales que deben tomarse en cuenta. La subordinación de la misma a los intereses generales del Estado está contemplada en todas las constituciones políticas de la democracia liberal occidental y sea quien sea quien asuma el mando después de un Luis Arce agotado y desaparecido, deberá tomar medidas en ese sentido de forma sustancial, y sin rodeos.


