Democracia encorsetada
Lo importante en un proceso electoral es dar las certezas oportunas a los candidatos, pero sobre todo a los ciudadanos, algo que no está sucediendo
No pasa la democracia boliviana por su mejor momento y este proceso electoral está siendo especialmente lesivo para sus pilares elementales, por eso es importante levantar la voz, pues el precedente acabará volviendo una y otra vez contra el país y sus ciudadanos, cada vez menos libres a la hora de elegir.
El exceso de burocracia unido a la absurda pantomima que simulan los partidos, junto a la injerencia recurrente del Tribunal Constitucional, protagonista de los hechos más flagrantes de este proceso y que seguramente, seguirán capitalizando, han colmado la paciencia de una ciudadanía urgida de votar en medio de una crisis interminable y una necesidad imperiosa de poner a alguien a los mandos del país. El cóctel es de alto riesgo y puede acabar en cualquier lugar.
De momento en este proceso electoral está quedando claro que la nominación es una carrera de obstáculos donde la presunción de inocencia no está garantizada de entrada y el concepto de preclusión se utiliza más para resguardar tramposos que para evitar persecuciones.
La última ocurrencia tiene que ver con el intento de recortar la libertad de prensa y el ejercicio de la profesión obligando a seguir una serie de reglamentos capciosos que olvidan el criterio noticioso
El problema es de fondo, aunque las formas las ha maltratado y mucho el Tribunal Constitucional. En este proceso ha emitido hasta tres documentos para evitar la postulación de Evo Morales; le ha arrebatado la sigla del MAS para dárselo a unos cuantos autoconvocados en un cabildo en El Alto, ha anulado unas siglas y rehabilitado otras acusadas de lo mismo y en el mismo acto.
Lo importante en un proceso electoral es dar las certezas oportunas a los candidatos, pero sobre todo a los ciudadanos, algo que no está sucediendo con el baile de fechas, con plazos inexplicables – como entregar las fotos para la papeleta antes de que oficialmente se cierre el plazo de inscripción – y reglamentos espesos y punitivos.
Hoy Jaime Dunn está pendiente de una resolución que le permita la habilitación luego de estar semanas luchando contra unos trámites pendientes de hace más de 15 años que le impedían obtener su solvencia fiscal. Trámites que al Estado no le importaron nunca, ni al candidato, que de hecho siguió trabajando con el Estado, pero que se han convertido en algo así como el obstáculo insalvable.
Además es posible que todo el evismo se quede sin opción de voto por decisiones oscuras que van más allá de las decisiones sobre Morales, su pasado y sus sin duda vergonzantes actos cometidos en su gestión o en su vida privada, de los que por cierto no ha sido juzgado.
Las comparaciones son odiosas, pero cabe recordar que el presidente Donald Trump es un condenado por una justicia mucho menos sospechosa que la nuestra; y también que se proscribió a Cristina, pero no al kirchnerismo; a Correa, pero no al correísmo, a Lula, pero no al PT,e incluso se condenó al PartidoPopular en España, y ahí sigue peleando elecciones.
La última ocurrencia tiene que ver con el intento de recortar la libertad de prensa y el ejercicio de la profesión obligando a seguir una serie de reglamentos capciosos que olvidan el criterio noticioso y subordinan todo a una actividad comercial que ciertamente no existe: entrevistar a los candidatos es una función pública, un deber que cumplimos y que se hace por principios, y por criterio noticioso.
Lo que pase en esta elección sentará precedente, y ojo, la democracia y la prensa libre son, al final, la única salvaguarda que nos queda en este Estado cada más asfixiante y corrupto.


