Tiempos de Pacto

La próxima legislatura será un tiempo nuevo donde deberemos familiarizarnos con los conceptos de diálogo y pacto, por sobre los del rodillo, la imposición, el decreto y el bloqueo

Sea lo que sea que acabe pasando en esta cita electoral boliviana, hay medidas a tomar que será ineludibles, y no solo en lo económico, sino también en lo político y lo institucional. Las grietas están profundamente abiertas y tendrán que ser los líderes que emanen de las ánforas quienes deban articular ese futuro cercano.

La democracia está en riesgo a nivel global, los extremismos se mezclan, el debate de ideas ha dejado paso a debates emocionales, donde se agitan viejas heridas y pulsiones. En un país como el nuestro atravesado por el racismo y el clasimo desde siempre, cualquier momento parece ser bueno para jugar esa carta.

En ocasiones resulta inaudito creer que alguien puede aspirar a gobernar el país negando a una mitad, considerándola “equivocada” en el mejor de los casos, o simplemente “ignorante”, “mercenaria” o “estúpida” en el peor. Esto vale para ambos bandos. Hace tiempo que nadie hace esfuerzos reales por la integración, por reconocer el país en toda su extensión, con toda su diversidad y todas sus riquezas. Esto será importante en el futuro inmediato para afianzarnos en un contexto mundial que siempre parece dispuesto a estallar.

Será urgente darle vuelta a la Justicia, en lo más profundo de su significado. No se va a tratar de eliminar la elección directa porque sí, sino de romper ese continuo de “consorcios” de jueces, fiscales y abogados, que se entremezclan y garantizan que la Justicia nunca llegue, ni siquiera con pago. Sin arreglar la Justicia será difícil avanzar en otros ámbitos que se han quedado truncos.

Sería necesario que aquellos aspirantes a la presidencia que conformen una bancada tengan presencia efectiva en la Asamblea Legislativa, cada uno con su curul

Aún así hace falta reformas de fondo que no hacen solo a lo económico sino a la comprensión del Estado como tal. Hace falta una reforma fiscal que el gobierno del MAS olvidó durante 20 años, una reforma que nos recuerde cuáles son las obligaciones de todos los ciudadanos con el Estado y que establezca más claramente los hitos de fiscalización. Esto involucra también al Estado Autonómico, jamás implementado con seriedad y hoy un escuálido experimento que carga con sentimientos de culpa e impotencia.

Hace falta para ello una reforma política de fondo que involucre un cambio Constitucional: es necesario reducir las facultades del régimen presidencial y darle más poder a la Asamblea Legislativa incluyendo la capacidad de intervenir en la Constitución. Para ello obviamente es importante que los partidos se fortalezcan, que el TSE reduzca su capacidad discrecional a través de normas estables y simples y con seguridad, que aquellos aspirantes a la presidencia que conformen una bancada tengan presencia efectiva en la Asamblea Legislativa en el periodo constitucional siguiente, con su curul y su vocería, pues la situación actual solo acaba propiciando el oportunismo y el transfugio mientras se diluye cualquier tipo de proyecto de continuidad.

La próxima legislatura será un tiempo nuevo donde deberemos familiarizarnos con los conceptos de diálogo y pacto, por sobre los del rodillo, la imposición, el decreto y el bloqueo. Solo desde el sólido compromiso con la democracia y el país esto tendrá sentido. Ojalá entre todos seamos capaces de darle viabilidad. 


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