La salud en Tarija: Priorizar lo humano

Tarija necesita una política sanitaria centrada en las personas. No solo en los pacientes, sino también en quienes cuidan, curan y salvan vidas

En los últimos 15 años, Tarija ha sido testigo de la construcción de hospitales, centros de salud y postas médicas en distintos puntos del departamento. La imagen de una obra entregada —con cinta tricolor y acto protocolar— suele generar la impresión de avance. Sin embargo, muchas de esas infraestructuras han terminado siendo cascarones vacíos, sin el personal necesario, sin equipamiento adecuado y con servicios limitados. El sistema de salud tarijeño enfrenta un problema estructural que ya no puede ser ignorado: la falta de inversión real en recursos humanos está llevando a los ciudadanos al límite en este momento de crisis.

Un hospital no cura por sí solo. La salud no depende solo del número de camas o del tamaño de un edificio. Depende, sobre todo, del médico que atiende, de la enfermera que cuida, del técnico que opera un equipo, del especialista que diagnostica con precisión. Sin ellos, la infraestructura es solo cemento.

La situación en Tarija es clara. En zonas rurales, postas recién inauguradas operan con una sola enfermera que debe cubrir turnos imposibles. En la capital, hospitales como el San Juan de Dios y el Materno Infantil, pero también en el Gran Chaco y en Bermejo, sufren por la falta de especialistas, anestesistas o personal de laboratorio. La rotación de médicos contratados, muchas veces con ítems eventuales o contratos de corta duración, debilita la continuidad y calidad de la atención.

Muchos jóvenes formados en otras regiones o en el extranjero no regresan por la falta de condiciones laborales, salarios competitivos o posibilidades de crecimiento

La formación de recursos humanos en salud tampoco ha sido prioridad. Tarija no cuenta con una política sólida para retener profesionales capacitados. Muchos jóvenes formados en otras regiones o en el extranjero no regresan por la falta de condiciones laborales, salarios competitivos o posibilidades de crecimiento. Mientras tanto, los hospitales se sostienen por el compromiso de profesionales que trabajan con sobrecarga, escasa infraestructura de apoyo y, a menudo, sin reconocimiento adecuado.

Además, el centralismo de servicios especializados obliga a que muchos pacientes de provincias deban trasladarse a la capital —o incluso fuera del departamento— para acceder a una atención que debería estar más cerca. Pero eso solo será posible si invertimos en formar y mantener equipos médicos en todos los niveles del sistema, no únicamente en mejorar la apariencia de los establecimientos.

Es hora de cambiar el enfoque. La salud pública no mejora por decreto ni con más cemento. Mejora cuando hay planificación, cuando se escucha al personal de salud, cuando se diseñan políticas sostenidas de formación, contratación y estabilidad laboral. Cuando se deja de medir el éxito por el número de obras y se empieza a medirlo por la calidad de la atención que reciben las personas.

Tarija necesita una política sanitaria centrada en las personas. No solo en los pacientes, sino también en quienes cuidan, curan y salvan vidas. Porque una salud pública fuerte se construye desde adentro, con profesionales comprometidos, capacitados y valorados. Esa es la verdadera infraestructura que necesitamos consolidar.


Más del autor
El castigo de los avaros
El castigo de los avaros
Tema del día
Tema del día
La salud también se educa
La salud también se educa