La degradación de la política en Bolivia
La falta de seriedad de los partidos y candidatos y el rol que juegan las instituciones electorales está provocando el deterioro del sistema democrático
Es demasiado pronto para evaluar el contenido de las listas electorales presentadas por los diferentes partidos para concurrir a las elecciones del 17 de agosto, pues básicamente la mayoría sigue siendo una incógnita hasta que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) las publique en su sitio web. Además, todas son susceptibles de ser revisadas y por ende, puede haber inhabilitados, sustituidos y algún que otro renunciado.
Lo que sí es buen momento para hacer una reflexión sobre la debilidad de nuestra democracia y el flaco favor que a ella le están haciendo tanto los políticos profesionales como las instituciones que deberían protegerla, y que más bien viven atrincheradas entre normas y reglamentos a la espera del error para caer sobre él con toda la fuerza.
La democracia es una cuestión sencilla, más en estos tiempos en los que la información fluye a toda velocidad por canales formales e informales; donde quien más quien menos se puede dar a conocer de forma rápida y efectiva para, al fin, pedir el voto. La transparencia es la clave, y en esto debería dar igual que alguien llegara a ponderar en serio sus opciones de ser presidente del país tanto a través de una agrupación ciudadana creada exprofeso o de un partido con ochenta años de historia. Quien quiera ser presidente debe presentar con mucha convicción tanto su programa de trabajo como al equipo que lo acompañará, porque en función de todo eso es que la gente tomará las decisiones oportunas.
Que dos días antes de presentar listas haya “pesos pesados” cambiando el sentido de su “inversión” es vergonzoso
En lugar de eso, durante los últimos tres meses hemos asistido a un festival de correteos, zancadillas, codazos, ofertas, fichajes, pataletas, opas hostiles, berrinches y todo tipo de discursos opacos o vacíos tratando de esquilmarle a la gente lo más importante, que es saber qué pretende cada cual.
Que el mismo día que se presentan los papeles hubiera supuestos candidatos sin presentar a sus compañeros de fórmula es revelador; que dos días antes haya “pesos pesados” cambiando el sentido de su “inversión” es vergonzoso, y que otros “líderes” participen en una suerte de subasta por los curules departamentales hace sospechar de las intenciones con las que unos y otros se acercan a la política. ¿En qué momento se ha pasado de plantear una primaria abierta a naturalizar las compras de los puestos en “franja de seguridad”?
Quizá estas sean las nuevas lógicas de la política y de su “espectacularización”, de alguna estrategia diseñada en laboratorios lejanos con muchos doctorados juntos, pero quizá hubiera sido más efectivo asegurar formas de participación en los barrios y provincias que hubieran asegurado cierto respaldo popular de base a los candidatos sobre el que construir la propuesta.
Como sea, el ciclo electoral entra en su fase decisiva para una elección que, como todas, marcará los designios del país. Es tiempo de exigir la transparencia suficiente para que todos podamos tomar las mejores decisiones.


