El gobierno interino
Renunciar a la reelección implica que el gobierno ya no debe preocuparse por su continuidad, sino por su lugar en la historia, y eso implica riesgos y aún más decisiones de fondo
Los verdaderos desafíos de Bolivia se van a hacer visibles en estos cinco meses que quedan hasta el cambio de gobierno, que sí o sí se producirá ahora que el presidente Luis Arce ha decidido no buscar la reelección, van a ser especialmente importantes y no se deberían perder de vista, pues de su gestión no es que dependa la victoria de uno u otro bloque, sino fundamentalmente la salud y viabilidad del Estado boliviano en el mediano plazo.
Los fantasmas que acechan al gobierno tienen claro tinte económico, pero no solo: que se desate el infierno de los incendios ahora que urge el dólar y se ultima el tratado Mercosur – Unión Europea, es solo cuestión de tiempo, pero aún así, el tema de la gestión diaria del Tesoro General de la Nación va a ser especialmente relevante.
Luis Arce debe decidir en estos días cómo quiere ser recordado en la historia del país, y eso tiene muchas variables, y también algunos amarres. Arce fue denominado en su momento como el artífice del “milagro boliviano”, que salió de la catalogación de países pobres a uno en vías de desarrollo, y bautizó su modelo como Económico Social Comunitario y Productivo, pero que a la hora de la verdad, es decir, cuando se acabaron los dólares del gas, hizo aguas.
En el pulso con el expresidente Evo Morales, se lo tildó de simple “cajero” del régimen para así responsabilizarlo de la crisis en su conjunto por un supuesto mal manejo del modelo, pero lo cierto es que las diferencias entre ambos han sido mínimas y las soluciones propuestas por Morales no han sido diferentes: ha rechazado el control de capitales, como Arce; abogó por liberar la exportación, como Arce; por controlarla después, como Arce; y no hay diferencias ni en el manejo de la minería, ni del mercado de valores, ni del sistema financiero privado, ni de la política laboral.
El paso al costado de Arce podía haber tranquilizado a los mercados y haber hecho aparecer el dólar, que es la causa principal del desastre, pero los primeros indicadores no apuntan en esa dirección, sino exactamente en la contraria. La posibilidad de que el bloque popular se organice y se le dé continuidad al modelo no parece haber sido del agrado de todos los poderes fácticos del país.
Una situación desesperada o algún acuerdo opaco podría hacer que Arce se despida del Gobierno tomando las medidas que difícilmente alguien se va a atrever a tomar gane quien gane: eliminar la subvención, devaluar el boliviano, subir el precio de los servicios básicos, etc. Puede incluso que esto venga “camuflado” dentro de una petición de rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI), que suele ser un buen tacho en el que descargar la responsabilidad.
Algunos críticos consideran que pasará exactamente lo contrario, que el gobierno sostendrá como sea los números y la paz social dejando al siguiente un gran problema de gestión inminente. Otros también creen que simplemente puede resignar, dejar que las cosas sucedan, que las filas se multipliquen, que los precios se disparen, y que la gente vaya a elecciones pensando en los problemas y con los ojos inyectados en sangre, con los ecos de la violencia resonando de fondo.
Se viene un tiempo especialmente importante, en el que la sociedad civil debe estar especialmente vigilante. La democracia debe encontrar sus caminos salvaguardando la paz y la unidad. Abramos los ojos.


