Tarija y el día después del 15 de Abril
El futuro de Tarija sigue pasando por la Autonomía, por construir una estructura sólida que no dependa de los caprichos de un gobierno central, que siempre va a invertir más donde hay más gente
Pasados los fastos de la celebración de los 208 años desde el inicio de la cuenta de libertad de Tarija, y aunque todavía quedan muchos eventos dedicados al Bicentenario nacional y sobre todo, muchos pulsos que librar en el tema electoral que se antoja decisivo, aunque todas las citas de ese tipo lo sean, es tiempo de que el departamento se fije en sus prioridades y defina un rumbo claro, pues eso mismo le permitirá sortear y clarificar las oportunidades de entre las opciones.
El gobernador Óscar Montes en el discurso de la Sesión de Honor reiteró una idea que se antoja central: el gas puede desaparecer, pero Tarija debe encontrar en esa depresión su propio camino alternativo que apuntale su desarrollo, y que de una u otra forma se ha ido definiendo con el paso de los años.
No se puede volver a cometer el error de gastar los recursos sin determinar un plan, y el plan pasa por hacer una Tarija mejor y más apetecible para todos
Todos los rubros productivos del departamento parecen alinearse de una u otra forma con el placer: el turismo en todas sus ramas, sea juvenil o familiar, festivo o religioso; la producción agrícola de alto valor, como la uva, protagonista esencial en este reclamo, pero también con frutos rojos, secos y otros cultivos orgánicos; y también los servicios, que deben ofrecer oportunidades de calidad en la salud y la educación además de solventar los básicos sin demoras.
Apostar por esto y que tenga un impacto en lo nacional, que atraiga inversiones y gane respetos, implica también un acompañamiento político cuasi diplomático que hoy por hoy se ha difuminado. La Gobernación vive agobiada en sus deudas y sus escasos ingresos; la Asamblea Departamental ha hecho omisión de sus funciones en el liderazgo; la Brigada Parlamentaria ha desaparecido y no es que no haya una voz común, es que ni siquiera hay una sesión desde hace meses, y los ministros del Gabinete, salvo proyectos puntuales, son abducidos por la agenda centralista.
En esas, Tarija debe redimensionar sus estructuras y optimizar los recursos. Es importante fortalecer las sinergias con la Autonomía Regional del Chaco, con los mismos problemas que la departamental y aún más acentuados; es importante darle misiones concretas a la Brigada y también a los secretarios departamentales, prácticamente desaparecidos, y es importante que la Asamblea reduzca su tamaño para fortalecer sus funciones.
No conviene equivocarse: el futuro de Tarija sigue pasando por la Autonomía, por construir una estructura sólida que no dependa de los caprichos de un gobierno central, que siempre va a invertir más donde hay más gente, siendo esa la principal razón por la que departamentos como el nuestro, tan vulnerables en sus fronteras, se están vaciando. Es necesario un Pacto Fiscal, sí, pero sobre todo una distribución lógica y clara de competencias que no oculte las responsabilidades bajo esa figura cobarde de “competencias concurrentes”.
Claro que Tarija puede seguir siendo potencia gasífera y ojalá el Ministerio de Hidrocarburos y YPFB tengan éxito en los proyectos, y que sin afectar al medioambiente, con decisiones técnicas y apuestas sólidas, se recupere un nivel de producción que permita esta vez consolidar el proyecto de industrialización abandonado en la última gestión de Evo Morales, pero no se puede volver a cometer el error de gastar los recursos a manos llenas sin determinar un plan, y el plan pasa por hacer una Tarija mejor y más apetecible para todos.


