El transporte como pendiente

Mejorar los usos profesionales del combustible, reducir la dependencia de vehículo privado y usar la bicicleta son algunas de las claves

 

Se supone que en algún momento de los próximos días, semanas o meses, saldremos de la crisis de combustibles, que el Estado logrará tener dólares suficientes para hacer los pagos o bien, los privados y grandes demandantes empezarán a importar su propio combustible para hacer sus labores. Cuando esto se estabilice y pasen las elecciones, seguramente se vuelva a reabrir el debate sobre la subvención a los carburantes y quizá llegue un Gobierno que se atreva a eliminarla o, al menos, restringirla para los sectores que más la necesitan. Sin embargo, esto no será todavía la solución integral al problema, sino que quedará la pata más importante: reducir el consumo de combustible general en todo el país.

Hay una parte importante en esa misión que tiene que ver con los usos profesionales: incentivar el recambio de vehículos hacia otros más eficientes y de tonelaje superior o emplear técnicas agrícolas, combinadas con la biotecnología más sana (y no con los chaqueos), que permitan reducir el gasto de combustible.

También sería de interés general empezar a reemplazar el parque vehicular por vehículos híbridos o eléctricos, aunque para eso antes deberíamos incrementar nuestra producción de energía eléctrica limpia y reducir el 70% que todavía depende de las termoeléctricas, es decir, que queman gas. La logística de un parque vehicular eléctrico es compleja incluso en Europa, sin embargo, los vehículos urbanos y públicos pueden acomodarse, y para ello hace falta buena cantidad de incentivos tanto en los impuestos municipales como en las tasas de importación, etc.

También es necesario mejorar la red de carreteras nacionales y los vehículos que prestan servicios de larga distancia. Acortar los tiempos de viaje y hacerlo en mejores condiciones de seguridad es lo único que puede hacer competitivo al transporte público respecto al avión o el vehículo privado.

Otra de las grandes claves tiene que ver con el uso privado en las ciudades, donde varios estudios indican que se abusa sobremanera del vehículo a motor, que se camina poco y que el uso de la bicicleta con fines de locomoción es marginal.

En general hacer que la gente camine más tiene que ver con la salud, también con la seguridad y también con las distancias. En general el trazado de las líneas urbanas responde a las necesidades del transporte privado, que prioriza el paso por el centro de la ciudad al ser el destino de sus clientes sea cual sea su lugar de partida, sin embargo, fórmulas combinadas, billetes hora o trasbordos podrían agilizar mucho el transporte y reducir su huella de carbono.

La otra gran estrella ausente es la bicicleta, que requiere condiciones de seguridad para las aproximaciones desde barrios alejados a zonas transitadas y una cohabitación respetuosa en zonas compartidas del centro. También parqueos seguros y carriles bici apropiados, pero sobre todo, mucha conciencia.

Bolivia en general y Tarija en particular debe tomar conciencia de la necesidad de reducir el uso de los vehículos, la salud y el medio ambiente lo agradecerán.

 


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