Los dólares y la responsabilidad con la Patria

Obviamente no tiene mucho que ver ir al trabajo en bicicleta con depositar los dólares en el país donde se produce la materia exportable subvencionada: lo uno es altruismo, lo otro obligación moral

La semana pasada se desató un gran revuelo en determinados círculos políticos y financieros a cuenta de las declaraciones del exvicepresidente Álvaro García Linera. García Linera explicó que en 2006, tras la nacionalización de los hidrocarburos, el gobierno tuvo “el monopolio de los dólares” y por tanto, “nunca faltó”, sin embargo, después del fracaso de la gestión del sector, YPFB ya no produce la cantidad de dólares necesarios y por ende, es necesario buscar alternativas.

García Linera señaló, sin que nadie le refutara los datos, que el 70% de los dólares los producen 25 exportadores (mineras y agroindustriales) que dejan el 90% de esos recursos fuera del país. A partir de ahí propuso “agarrarlos del cuello y decirles, o me das tus dólares o te quito la empresa”, una declaración para su grada que sin duda generó reacciones negativas, pero que, con el paso de los días, ha abierto alguna que otra discusión de fondo.

Es tiempo de crisis, pero mal haríamos si pensáramos que cada cual puede salvarse por sí mismo

Es verdad que no es el mejor momento para proponer agarrar a nadie del cuello, pero lo cierto es que el país tiene un déficit notorio de dólares, una balanza de pagos negativa y los recursos no están entrando como debieran. A partir de ahí se establecen dinámicas diferentes en las reacciones, existen quienes justifican que los privados hagan lo que quieran con sus dólares e incluso que no los traigan porque “se los cambiarían al Tipo de Cambio Oficial”, cuando es precisamente su escasez la que ha alterado su cotización.

Hay también quien señala que “la mayoría” de esos dólares en realidad vuelven al país como importaciones e insumos, aunque las cuentas no cuadran: el principal insumo en la mayoría de las operaciones mineras o agroindustriales sigue siendo el diésel o la energía eléctrica y ambas siguen siendo subvencionadas por el Estado, que no tiene para pagarlas.

Hace ya muchos meses que el Ministerio de Hidrocarburos instó a los grandes consumidores y surtidores a traer su propio combustible, pero ha fructificado poco por varios motivos, el principal, que es más barato comprarlo subvencionado, y el segundo, en menor medida, que hay un buen montón de requisitos que cumplir, muchos de ellos derivados de la consideración del combustible como precursor de la cocaína y por tanto, sustancia controlada. Requisitos que son obligados desde instancias internacionales.

Es tiempo de crisis, pero mal haríamos si pensáramos que cada cuál puede salvarse por sí mismo. La reacción de salir disparado al surtidor en cuanto hay problemas y tratar de acopiar tres o cuatro depósitos es una reacción normal y que se da por descontada, pero es necesario que todos nos respondamos a esa pregunta icónica y cinematográfica: ¿Qué puedes hacer tú por tu país?, y sin duda, cada cual, en la medida de sus posibilidades, está en disposición de hacer algo para mejorar una situación que empieza a ser insostenible.

Obviamente no tiene mucho que ver ir al trabajo en bicicleta con depositar los dólares en el Estado donde se produce la materia exportable, donde se utilizan sus carreteras, donde se contrata a sus profesionales formados en escuelas y universidades muchas veces públicas, de donde se logran márgenes diferenciales gracias a la subvención del diésel.

No tiene mucho que ver. Lo primero es una opción altruista pensando en el bien común; lo segundo es una obligación moral.


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