Aprender del Pilcomayo

La capacidad de resiliencia de sus comunidades aumenta con los sistemas de alerta y prevención adecuados, sin pretender modificar la fuerza de la naturaleza

Las crecidas en el rio Pilcomayo suelen dejar imágenes espectaculares y algunos desastres, pero no deja de tratarse del ciclo natural de la vida más pura que. afortunadamente gracias a los mejorados sistemas de alerta, permiten minimizar los efectos.

El Pilcomayo pasa por ser el río más importante del sur de Bolivia y eje vertebrador del Chaco Boreal, uno de los más caudalosos de esta cuenca y uno de los que más sedimento arrastra al nacer en las altas cumbres mineras de Potosí y Oruro. Sus crecidas tienen que ver con las lluvias estacionales y también, aunque cada vez menos, con los deshielos, el impacto del calentamiento global tiene ejemplos muy evidentes en Bolivia, pues somos uno de los países más vulnerables del mundo en esta materia.

Hoy por hoy es imprescindible conciliar la vida humana y la natural para que cualquier proyecto sea de éxito

Las crecidas forman parte de la vida y ordenan los ciclos agrícolas y vitales, durante milenios el sedimento que arrastra ha ido depositándose y consolidando la riqueza agrícola de toda la pampa chaqueña hasta Rosario. El Pilcomayo formalmente no desemboca en ningún río sino que se deshace en miles de lagunas conforme bajan las aguas; en años fuertes como este sí llega a conectar con el Paraguay, en otras no. De esas inmensas lagunas que se forman la más famosa hoy es el Bañado de la Estrella en Argentina como lo fue antes la de Boquerón en Bolivia, después consolidada en territorio paraguayo.

La crecida de cada año permite volver a conectar esas lagunas y cuando la corriente se hace más leve, empiezan a subir los cardúmenes de sábalo hacia las tierras altas de Entre Ríos donde se reproducen, la corriente arrastra los huevos hasta sus depósitos finales en tierras bajas y ahí se reinicia el ciclo una y otra vez. Cuando las aguas se retiran quedan también miles de hectáreas de tierras fértiles que los habitantes son capaces de aprovechar hasta la siguiente crecida.

En algún momento las crecidas se cobraban víctimas humanas y de ganado, hoy resulta más improbable, y se va llegando a un punto de equilibrio en el que se puede conciliar la vida humana y el aprovechamiento de la riqueza natural con su impredecibilidad sin que el ecosistema sea afectado, pero a lo largo del cauce sigue habiendo ejemplos de desastre y proyectos que parecen amenazar su integridad, pero en realidad, son probablemente futuros elefantes blancos en los que se gaste mucho dinero sin rendimiento.

Los intentos por canalizar el Pilcomayo han sido múltiples, uno de ellos fue el proyecto Pantalón entre Argentina y Paraguay, con el que se pretendía canalizar en dos mangas similares para aprovechar de forma más eficiente e igualitaria el agua entre los dos países, pero que queda prácticamente inutilizable cada año ante la fortaleza y libertad del río, que siempre sabe abrirse camino por donde le place.

En Bolivia también se han planteado proyectos para crear bañados artificiales que garanticen el sábalo y sobre todo, se sigue destapando de vez en cuando la represa del Carrizal, sobre uno de los afluentes pero en la cuenca media que, con total probabilidad, colapsaría de sedimentos en pocos años. También en Paraguay se insiste en canalizaciones y lagunas para aprovechar el agua para la región sin tener en cuenta todas las características.

Hoy por hoy es imprescindible conciliar la vida humana y la natural para que cualquier proyecto sea de éxito. Es posible dotar a los habitantes de las herramientas necesarias para convivir en condiciones de seguridad y salubridad sin pretender domar la fuerza del río, es posible aprovechar sus recursos y riquezas garantizando caudales de sostenibilidad aguas abajo y cuidando su salud y pureza.

Sin duda los vecinos del río tienen michas cosas que enseñar.


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