El turismo del solsticio

Este 2024 se ha armado un feriado largo ideal para darse una escapada familiar, cultural, con amigos y disfrutar de las bondades del terruño

Llegó el siempre polémico feriado del solsticio de invierno. Un feriado de reciente creación pero vinculado a un fenómeno celebrado en todas las culturas desde que la humanidad empezó a dominar el planeta y a sistematizar los elementos de la naturaleza a su disposición y a estudiar aquellos que no podía controlar. El día más corto del año, o la noche más larga, y viceversa en el otro hemisferio, ha generado siempre una atención y admiración especial rodeando al evento de tradiciones, creencias y mitos.

Bolivia, por su magnífica riqueza cultural, tiene diferentes manifestaciones para celebrar el solsticio de invierno, que mayoritariamente se venía conociendo como el Año Nuevo Andino o Aymara. En la resignificación de símbolos buscada con ahínco y muchas veces artificialmente desde 2005 por el régimen del MAS, se abrió una nueva época de inclusión rural campesina, incluyendo algunos ritos y rituales en el calendario anual para utilizar la iconografía y dar personalidad diferente a las cuestiones políticas.

Con el paso de los años y desde la perspectiva “inclusiva” que ha querido desarrolla, con interés etnográfico o puramente político, el “Año Nuevo Andino” o “Aymara”, se ha ido convirtiendo en Año Nuevo Andino Amazónico para incluir a las culturas indígenas del norte y tierras bajas. En Tarija se ha rizado el rizo y se empezó a llamar Año Nuevo Andino Amazónico y del Chaco, por impulso de los dirigentes chaqueños que veían la oportunidad de agradar a los altos funcionarios y en la gestión de Oliva se le buscó un significado vinculado al Año Nuevo Agrícola, una solución que permite apropiarse de la idea y relacionarla con el terruño más allá de la iconografía impuesta desde La Paz.

Lo cierto es que la “imposición” de un día festivo siempre es bien recibido en la cultura popular, y buena costumbre es para un Estado aconfesional y que se dice en proceso de descolonización, reconocer su idiosincrasia y promoverla. No se trata de sustituir ni negar la tradición católica, sino de compatibilizar su hegemonía en el calendario de celebraciones.

No es cierto, como se argumenta desde el rechazo, que Bolivia sea el país con más feriados del mundo. No hay que ir muy lejos para evidenciar lo contrario, pues en Tarija somos bien agraciados por la cantidad de feriados y la forma de administrarlos que han implementado en la Argentina.

El problema real es que, como casi siempre, se espere hasta el último día para confirmar un feriado que siempre está en el calendario, pero que nadie acaba de creerse. Peor con el frío. Con esa costumbre, es difícil que en Bolivia se desarrolle una verdadera cultura turística que dé réditos a todas las partes.

Este 2024 se ha armado un feriado largo ideal para darse una escapada familiar, cultural, con amigos, etc. Pero ni la oferta ni la demanda han estado atentos a este evento que podía haber generado buenos recursos en plena crisis, y es que para mover la economía no es imprescindible que venga turismo de fuera. Es necesario que se promueva entre los tarijeños para con los tarijeños. Conocernos, descubrirnos, disfrutarnos, también para querernos más. Ojalá lo sepamos aprovechar.


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