Mujeres Creando y por qué es útil leer las paredes
Claro que hay otras formas de protestar y de actuar, aunque lo cierto es que hasta ahora ninguna está dando los resultados esperados. Las paredes se pueden borrar, pero las mujeres muertas no se pueden recuperar
Despertó Tarija Capital el domingo envuelta en una de esas polémicas que rápidamente se hacen virales y conjugan la participación y el juicio lapidario en las redes sociales. El asunto tenía que ver con mujer y violencia, y se hablaba de respeto, de reivindicación, de tomar medidas, de vías de acción, de formas de protestar, y de poner fin a determinadas prácticas.
¿Tal vez Tarija había tomado conciencia de que sigue siendo uno de los municipios con mayor tasa de violencia familiar como se deduce de los reportes de la Policía Nacional?
¿Tal vez se había hecho consciente de que cada día hay al menos un menor de edad que es abusado sexualmente como cada semana informa la Defensoría de la Niñez?
¿Tal vez se ha enterado, al fin, de que Tarija registra uno de los mayores índices de agresiones sexuales a mujeres, como reporta mensualmente la Fiscalía?
¿Tal vez alguien se indignó al fin de recordar que Tarija es el departamento con mayor tasa de embarazo adolescente, como muestran las estadísticas sanitarias?
Sin duda todos los temas son de fondo y bien merecen un enojo colectivo a largo plazo que conlleve a la acción, porque ni los datos, ni las denuncias, ni las víctimas son ajenas. Todo lo contrario. A diario se conocen reportes de hechos que ponen los pelos de punta y que suceden ahí mismo, a la vista de todos.
En marzo encontraron en una quebrada después de cincuenta días a una mujer asesinada por su expareja y enterrada a solo dos cuadras de su casa. ¡Cincuenta días buscando!
Ayer mismo denunció una señora que su excuñado había violado a sus hijas en su propia casa, una de ellas con discapacidad, pero que en seis meses nadie logra encontrarlo.
Antes de ayer la UCB confirmó el despido de un cura por haber acosado a estudiantes hace años, solo unas pocas se atrevieron a denunciar mientras el resto toleraba en silencio.
Hace tres años Tarija fue el departamento con más mujeres asesinadas en promedio del país, mientras que Bolivia pasaba a ser uno de los países con mayor tasa de feminicidios del continente, es decir, Tarija lideraba el continente.
No hay duda de que en Tarija no faltan motivos para salir a la calle a exigir a las autoridades – Fiscalías, Policías, políticos que olvidaron la Declaración de Emergencia – y también a los violentos machistas y sus encubridores que paren. A gritar un basta ya rotundo.
La indignación (parcial, porque otros muchos sí lo entendieron) venía porque doña María Galindo había llegado a Tarija y junto a un numeroso grupo de activistas que va creciendo, como el dolor de las víctimas, habían decidido dejar su protesta por escrito en multitud de rincones.
La polémica, evidentemente, contribuye al objetivo pretendido por las activistas, pues paredes pintadas hay miles por la ciudad y a nadie parecen molestarle excesivamente. ¿Por qué sí molestan estas pintadas con mensajes que interpelan directamente al status quo reinante?
Claro que hay otras formas de protestar y de actuar, aunque lo cierto es que hasta ahora ninguna está dando los resultados esperados, y es que las paredes se pueden borrar, se pueden pintar y hasta se pueden ignorar, pero ¿qué hay de los centenares de mujeres que siguen padeciendo la violencia? ¿De las que se siguen rompiendo a diario? ¿De las que se manchan con heridas y golpes? Ojalá todo fuera tan fácil como limpiar una pared.


