Cuando La Paz sea más boliviana y plurinacional

Bolivia es más plurinacional de hecho que de derecho, y sin duda es preciso que todas sus instituciones, departamentos y ciudades den las respuestas adecuadas; sobre todo la sede de Gobierno

La Paz celebra hoy un nuevo año de independencia en unas condiciones complejas por la presencia imponderable del coronavirus, pero también por su particular coyuntura política. La sensación de “desplazamiento” se masculla ya por ciertos círculos de la aristocracia paceña, sin embargo, la capacidad de adecuarse a los nuevos tiempos depende, en exclusiva, del conjunto de los paceños.

La Paz es una ciudad mística, majestuosa, capaz de sorprender a cualquiera. Lo propio El Alto y su caótica pujanza comercial. En sí, el conjunto del departamento de La Paz reúne condiciones envidiables para promover un desarrollo plural y diverso, muy andino, pero también muy cosmopolita, que garantice años de bienestar, sin embargo, jamás podrá separar su condición capitalina de ser Sede de Gobierno, con todo lo que ello supone.

Y es que sí, la pujanza de La Paz de los últimos años se ha apoyado sobre todo en la gran expansión del gasto público y la multiplicación del aparato del Estado, que siempre retribuye juventud y mejores salarios, en contraposición a lo que pasa en las periferias.

No es esto una crítica al modelo, sino una puesta en valor; La Paz ha sabido aprovecharse de su condición para generar un dinamismo creativo y cultural sin dejar de lado sus condiciones de metrópoli aymara, con El Alto como emblema del “sueño andino americano”, pero ha intentado poco ser la capital del Estado Plurinacional.

Algo, sin embargo, está cambiando. El próximo censo dirá, con total seguridad, que el departamento más poblado ya no es La Paz, sino Santa Cruz, que a la vez ya ha superado en Producto Interno Bruto, en diversificación empresarial y en todos los indicadores que tienen que ver con la referencia económica del país. De alguna forma, La Paz está pagando demográficamente su modernidad, mientras que en Santa Cruz la expansión en todos los sentidos también se siente en lo familiar.

Probablemente La Paz tendrá que redefinirse como departamento y como urbe, fijar prioridades de los sectores que quiera potenciar y que se adapten a sus circunstancias y dejar de depender tanto del aparato público. También tendrá que madurar y hacerse más Bolivia, pero de verdad.

La Paz debe ser algo más que la capital - sede de Gobierno; al menos algo más que una capital que mira desde lo alto y con cierto desdén lo que pasa en el resto del país, que lee desde sus lógicas paceñas. Unas lógicas por cierto a la que se pliegan casi de inmediato los migrantes nacionales, que pronto sucumben a su rotundo poder y atractivo.

En 2019 La Paz perdió de alguna forma su hegemonía política, y por primera vez una explosión “en provincias” provocó un terremoto con escasos precedentes. La multipolaridad ya es un hecho. Bolivia es más plurinacional de hecho que de derecho, y sin duda es preciso que todas sus instituciones, departamentos y ciudades den las respuestas adecuadas.

Ahora, no hay duda de que, si alguien puede dar respuesta a estos desafíos del nuevo siglo y de la nueva globalización localizada es La Paz, siempre pujante, siempre efervescente, siempre abierta, siempre revolucionaria.

Feliz 16 de julio. Viva La Paz.


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