Replantear la “era del gas” en Tarija
Una cosa es plantear un desarrollo racional en base a los beneficios que reporta el gas y otra diferente pretender que no exista, porque existe y no tiene competencia en cuanto a beneficios
Hace más de 20 años que los políticos tarijeños hablan de “superar la era de gas”, de que “el gas se acaba”, de “sembrar el gas” y, en general, de reducir la dependencia del gas mientras se apuntala el desarrollo de Tarija con otras potencialidades.
Lo cierto es que ninguno ha logrado siquiera levemente reducir la dependencia y tampoco se han esforzado demasiado en reducir la estructura de la Gobernación, entre otras cosas, porque sería absurdo hacerlo.
Tarija sigue siendo el principal productor de gas del país con más del 50 por ciento del total nacional. Además, desde sus entrañas se extrae el combustible que se destina principalmente a la exportación, tanto hacia Brasil como hacia Argentina, lo que reporta suculentos beneficios para el departamento en forma de regalías.
También sigue siendo el departamento con mayor potencialidad gasífera, más allá de las ensoñaciones sobre los campos altiplánicos y las aventuras no convencionales en la llanura chaqueña. El subandino sur con las formaciones de Huamapampa, Santa Rosa y demás son las que contienen mayor producto y así lo tienen claro también todas las petroleras que operan en el país.
Una cosa es plantear un desarrollo racional en base a los beneficios que reporta el gas, en lugar de jugársela toda al precio de los hidrocarburos, como ha venido pasando en el pasado reciente, lo que ha supuesto faraónicas obras con sus consiguientes deudas, y otra diferente pretender que no exista, básicamente porque ningún otro sector va a reportar beneficios directos para soportar una estructura necesaria para brindar los servicios actualmente vigentes.
Sin gas no habrá canasta alimentaria, ni Prosol, ni Susat, ni bonos aquí o allá; tampoco habrá Sedecas por los que pelear y apenas Sedeges que sostener. En Tarija parece que nos hemos acostumbrado a vivir como ricos y nos hemos olvidado de cuando no había nada. Ni el sector del vino, ni el agroalimentario, ni el cultural, ni ningún otro pagarán sus impuestos al Tesoro Departamental.
La cuestión es que volvemos a estar hoy en el mismo punto decisivo de siempre. Tarija tiene potencialidades que explotar y muchas necesidades que cubrir, y en esas el gas se torna imprescindible.
YPFB presentará en los próximos días un nuevo plan de exploración, probablemente más realista que el que se venía defendiendo en los últimos años, y con seguridad, más sincero. Es posible que el sector hidrocarburífero deba sortear algunos anatemas pachamamistas para entrar en una exploración racional y conservadora que reporte beneficios en la doble dirección.
Los fracasos de Boyuy y Huacareta más la resistencia sobre la exploración en Tariquía han dejado a Tarija al descubierto. Urge reflexionar y consensuar los proyectos al margen de desarrollar los campos de Margarita y San Antonio ya en producción o la recuperación secundaria de los campos más antiguos. La era del gas no ha terminado, lo que debería terminar es su instrumentalización política – partidaria.


