Vacunarse para todos

Es curioso que después de tantos años no sirva la simple explicación de la necesidad de alcanzar una inmunidad de grupo, colectiva, que nos proteja a todos por encima de las individualidades

Tal y como se esperaba, los primeros días de la vacunación universal están siendo un éxito. El lunes se marcaron de nuevo máximos diarios de dosis inyectadas en los brazos de los compatriotas. La mayoría, evidentemente, correspondientes a la franja de 18 a 30 años que recién se han habilitado y que, más allá de las dosis disponibles, por si las moscas, no han tardado en movilizarse, al menos los que creen en la vacunación.

El presidente Luis Arce se ha comprometido por enésima vez en no hacer faltar la vacuna y los anuncios sobre las provisiones se multiplican. El esfuerzo solicitado a los diferentes sectores por promover la vacunación para alcanzar ese famoso 70 por ciento empiezan a funcionar, pero las dudas siguen estando sobre la mesa.

La vacunación avanza a buen ritmo porque hasta el momento se ha extendido a aquellos que sí quieren vacunarse. A aquellos que por alguna razón se han informado por su cuenta y han accedido a ponerse la vacuna como ejercicio de responsabilidad colectiva y solidaridad con la comunidad. Todos los que han querido vacunarse de cualquier franja de edad, se han vacunado.

Diferente es con los que tienen dudas. Hasta el momento el Gobierno no ha lanzado una verdadera campaña de información que logre convencer a los ciudadanos que tienen reticencias, pues hasta la fecha todo ha sido manejado con intenciones políticas, y donde lo más importante parece ser quién te proporciona la vacuna y no para qué es necesario que la población se vacune.

Hay grandes nichos de población que no están queriendo acceder a la vacuna por diferentes razones y para lo que hace falta una estrategia específica para cada uno de ellos.

Hay un gran grupo que no accede por las cuestiones logísticas de filas y demás, siendo este el grupo más sencillo de abordar con brigadas móviles que visiten los mercados y demás.

Hay otro grupo que tiene reticencias del tipo religioso. Iglesias particulares que vienen haciendo campaña contra el Covid desde la irresponsabilidad y sin ninguna evidencia científica, pero que por alguna razón está teniendo efecto. En esto el Gobierno debe ponerse manos a la obra, pues las campañas promocionales y la tarea que hemos hecho los medios de comunicación revelando los problemas y gravedades, no surten efecto.

Hay otro grupo cuyo rechazo tiene que ver con prejuicios y bulos, y no hay una edad particular en esto, ni siquiera un estrato social. Ideas de lo más disparatadas corren por las redes sociales, los teléfonos celulares y el boca a boca de toda la vida que habla de efectos secundarios, reacciones fatales con el alcohol, disfunciones eréctiles, mujeres barbudas, y otra sarta de disparates que sin embargo han encontrado terreno abonado después de muchos meses relativizando el virus y sus efectos. Incluso algunos de sus influencers más representativos sigue haciendo campaña contra la vacunación.

Es curioso que después de tantos años no sirva la simple explicación de la necesidad de alcanzar una inmunidad de grupo, colectiva, que nos proteja a todos por encima de las individualidades y se sigan buscando razones egoístas y solitarias. La vacunación es de todos y para todos. Bolivia lo necesita.


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