Un Prosol para mejorar el departamento

El Prosol nunca se trató de ir unos contra otros, ni de quitarle a unos para darle a otros, ni de hacerse el dueño de “la aldea” ni el “reino de taifa” por un puñado de bolivianos

El sector campesino tarijeño ha logrado “salvar” el Prosol, aunque en realidad nadie cree que el programa haya podido estar en riesgo ni un solo minuto desde que empezó la legislatura. El Prosol tiene el respaldo de una Ley Nacional, en lo que es el enésimo absurdo de nuestra autonomía, pero sobre todo tiene un valor sindical de reivindicación que une a todos los sectores del campo más allá de sus adscripciones.

El Prosol se arrancó a punta de bloqueo en los albores de la autonomía. Eran los años de los políticos de peso con Mario Cossío en la Gobernación y Luis Alfaro en las carreteras. Después creció en los años de Lino Condori, cuando pasó de ser un bono individual de 2.500 bolivianos a ser un proyecto comunal que sumaba cantidades por persona, y que llegó a elevarse hasta a 6.000 bolivianos.

En esa época se cambiaron las principales lógicas en lo que parecía una reinterpretación ideológica del programa. Mientras para Cossío y su ejecutivo el campo era un asunto individual, donde había que dar ayudas para que los campesinos compraran sus pequeñas herramientas; para los de Condori y Roberto Ruíz el Prosol debía convertirse en un proyecto comunal en el que se sumaran todos los aportes para hacer algo más grande entre todos: un atajado, un frigorífico, un sistema de riego, etc.

El primer modelo dejaba a los campesinos la decisión de su inversión, el segundo obligaba a consensos comunales sobre un máximo de tres proyectos que pudieran beneficiar a todos. La corrupción nunca se apartó del programa, aunque mientras en el primer modelo se podía dar que los comunarios se lo gastaran en alimentos o bebidas, en el segundo modelo pasó que se compraron vehículos, se construyeron salones de fiestas y otras inversiones que no parecían adecuadas. Lo más grave, se llegaron a inventar hasta comunidades para cobrar.

En la gestión de Oliva, Alfaro estaba en los puestos ejecutivos y la reformulación del programa era una promesa electoral, aunque lo cierto es que apenas sufrió ningún cambio. Cuando los campesinos vieron peligrar el programa se movilizaron como nunca antes, y el ejecutivo apenas pudo ajustar los recursos al presupuesto disponible, que no era mucho, mientras se negociaban medidas de ajuste, planes quinquenales y otras formas de hacer que los recursos tuvieran un mayor aprovechamiento desde la comunidad hacia el departamento, pero no se avanzó demasiado.

Montes y los suyos, evidentemente, han planteado una nueva forma de hacer el Prosol, y aunque le faltan detalles, es legítimo y necesario que entre los involucrados se encuentren formas de hacer el campo más productivo y que las comunidades puedan materializar sus sueños y anhelos, pues de eso se trata.

El Prosol nunca se trató de ir unos contra otros, ni de quitarle a unos para darle a otros, ni de hacerse el dueño de “la aldea” ni el “reino de taifa” por un puñado de bolivianos. De lo que se trata es de ser más productivos, y mientras la campo le vaya bien, a Tarija le irá bien.


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