Las previsiones de YPFB
En los últimos quince años se ha cambiado de estrategia sobre la industrialización y la exportación en varias ocasiones, y el resultado es la incertidumbre y la escasez
Lo que ha pasado con el ingenio azucarero de Bermejo y el perjuicio en la zafra por la falta de provisión de gas da bien la medida de lo que viene sucediendo en el sector de hidrocarburos en el país, que hoy sigue siendo el más importante a nivel ingresos, pero que desde hace demasiado tiempo no se cuida con la previsión suficiente.
Desde hace al menos cinco años se viene advirtiendo de los innumerables problemas que atraviesa la capital del triángulo sud, entre ellos, el de la provisión de gas al ingenio azucarero. El ministro anterior, Luis Alberto Sánchez, y su sucesor, Víctor Hugo Zamora, ya hicieron compromisos para garantizar el gas ante el agotamiento galopante del X44 y sus colindantes, que ya supusieron una segunda oportunidad para un Bermejo petrolero en decadencia en los 70-80, pero que no ha tenido digno sucesor por lo de casi siempre.
La escasez de gas para los negocios internos es una dinámica recurrente en el país, aunque se diga poco. Lo han sufrido otros ingenios; lo padece la incipiente industria alteña y cochabambina a la que se reduce el suministro, y nunca ha estado del todo claro como se pretenden desarrollar los grandes proyectos de industrialización del litio o del Mutún sin garantizar primero esto.
El MAS llegó al poder en 2005 luego de que en 2003 se izaran todas las banderas que instaban a industrializar el gas para garantizar el desarrollo interno y dejar de exportar por sobre todas las cosas, pero sobre todo por Chile.
En los primeros años del MAS se ensayó la industrialización con un plan meridianamente claro que incluía la construcción de las dos plantas separadoras – Río Grande y Yacuiba – para continuar con la verdadera industrialización en forma de amoniaco y urea en Río Grande para el sector agropecuario, y en forma de propileno y etileno en Yacuiba para el sector fabril.
YPFB nunca asumió el papel de exploración, y junto con otras polémicas decisiones con los contratos, incentivos y demás hacia las transnacionales, en 2014 las reservas no se habían desarrollado como debían y de repente el paradigma cambió: el lema pasaba a ser Bolivia, corazón energético de Sudamérica, y el interés por exportar volvía desatarse mientras la industrialización se marginaba.
Probablemente en ese momento el MAS debía haber tirado por la borda su bandera de la “Madre Tierra” y haber planteado la incursión en métodos agresivos como el fracking sin ambigüedades. Sin embargo, lo hizo como con excusas, lo que no dio garantías a nadie, así que la exploración volvió a quedar en nada. Tampoco nadie se atrevió a plantear la conformación de una reserva estratégica que garantizara la continuidad de los proyectos nacionales al margen de cualquier estridencia del mercado o de mayores problemas.
Así hemos llegado al momento actual, negociando anexos a la baja en los dos únicos contratos de exportación vigentes, aplazando sine die los proyectos de industrialización, chicaneando gas en todas las instalaciones nacionales y sin un plan claro de qué es lo que hay que hacer. Urgen soluciones.


