La vacunación libre y la promoción de la vacunación
Nunca ha habido una estrategia de país, ni en su momento para la contención ni ahora para la vacunación, sino que siempre han primado otros planteamientos, como que quién conseguía qué y quién determinaba qué
El presidente Luis Arce grabó un largo discurso que emitió el miércoles en la noche que, aunque tocó varios puntos y aspectos coyunturales, como la recuperación económica que dice que ya se percibe, básicamente vino a declarar la vacunación libre a partir de los 18 años, y a pedir a los medios de comunicación que le colaboren en la campaña de promoción.
La petición llega en el momento clave. Las vacunas han dejado de llegar a cuenta gotas, y aunque la provisión no es tan fluida como se esperaba, la mercancía china ya está abasteciendo sobradamente a los centros de salud. En esas, la vacunación ha ido avanzando a medida que se abrían nuevos tramos de edad lo que ha impedido identificar los problemas en cada grupo etario, ya que la información que se brinda es deficiente.
Es decir, el objetivo es inmunizar a unos 7 millones de personas mayores de 18 años en el país. Aproximadamente unos dos millones y medio de personas, según el INE, están en esa franja de edad entre los 18 y los 30 años, y teniendo en cuenta que actualmente hay poco menos de dos millones de personas vacunadas con la primera dosis (la pauta completa apenas llega a 700.000), se estima que unos dos millones de personas que ya podían haber sido vacunados no lo han hecho, y aquí surgen las dudas. ¿Hay un problema de acceso? ¿Hay un problema de información? ¿Hay una mayoría negacionista?
Es curioso que Arce apele ahora a los medios luego de que la pandemia se haya manejado con tanta carga política y luego de haber criminalizado muchas publicaciones que hablan de incidencias y mortalidad superiores a las reportadas, reacciones que han sido idénticas por parte de este gobierno como del gobierno anterior.
Y es que nunca ha habido una estrategia de país, ni en su momento para la contención ni ahora para la vacunación, sino que siempre han primado otros planteamientos, como que quién conseguía qué y quién determinaba qué para cuidar a tal o cual. Mientras Áñez decretó una cuarentena salvaje que acabó con las economías familiares en poco tiempo, el MAS alimentó el escepticismo – como mínimo – en relación al virus y sus efectos. A unos no les gustaban las notas con los datos fríos que evidenciaban que Bolivia estaba entre los países con peor desempeño, y a los otros no les gustaban las relacionadas a las medidas de restricción a la movilidad y a la aglomeración.
Los efectos se notan ahora. Cuando se ha vivido un año de política relativizando los datos del impacto en las familias y saltándose literalmente las medidas de bioseguridad para hacer campaña, resulta complejo convocar luego a esos mismos ciudadanos de vacunarse con productos que están siendo validados a medida que se utilizan y no al revés, como debería ser en la ciencia.
El Gobierno debe concretar su plan para llegar a todos lados y asumir la responsabilidad del éxito o fracaso. Los medios de comunicación llevamos demasiados meses advirtiendo a la población sobre los riesgos de una pandemia que es letal, que paraliza la economía y que estamos lejos de controlar y lo seguiremos haciendo. Todo eso a pesar de no tener acceso a los datos elementales ni de la pandemia ni de la vacunación que debe proporcionar el Gobierno.


