El giro del discurso de Arce

La mayoría de los analistas comprendían que el relato de culpar a Áñez y descubrir los datos de su gestión tenía la clara intencionalidad de preparar el terreno a medidas duras en lo económico

El Gobierno de Luis Arce ha cambiado rápidamente de discurso y se ha instalado de nuevo en el triunfalismo. Un triunfalismo que sin embargo no se percibe en las calles. Inicialmente, Arce pintó un panorama negro culpando de todos los males a la efímera gestión de Jeanine Áñez. Ese relato tenía sentido político, pero también justificación técnica.

Áñez, en 12 meses de Gobierno, endeudó más al país y recaudó menos – por la pandemia, aunque probablemente también lo hubiera hecho por la ilegitimidad -, liberó determinadas exportaciones, modificó el contrato de exportación con Brasil perjudicando los intereses de Bolivia, mantuvo detenida la planta de urea, trató de devolver empresas nacionalizadas y se dispuso a entregar determinados intereses del Estado – SABSA o BoA, por ejemplo – y preparó un presupuesto con varias trampas, pero ni tan distinto del que había dejado Luis Arce como Ministro. De hecho, hoy por hoy gobierna con ese mismo presupuesto.

Lo cierto es que, en este lado del mundo, el FMI y sus secuaces recomendaron apoyar a las familias más que a las empresas, y por eso en casi todos los países se implementaron bonos de emergencia, ayudas al consumo de servicios básicos y algunos planes de contingencia.

En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, ha habido ayudas directas para mantener el empleo, porque nada garantiza mejor la inclusión y previene la pobreza que tener trabajo, pero de eso ya hemos hablado en otras ocasiones. La cuestión es que en esa materia Jeanine Áñez se limitó a “prohibir el despido”, para después mostrarse menos contundente y finalmente acabar cerrando dos Ministerios - los llamó “gastos absurdos”-, dando sin duda un mal ejemplo a seguir.

Poco ha cambiado con la asunción de Arce, que no ha hecho ningún plan de contingencia activa por el empleo, sino que ha seguido inyectando bonos de dudosa utilidad, dado el contrabando galopante, pero en su relato, el desempleo ya ha bajado de su pico histórico más alto alcanzado con la gestión de Áñez, un 11 por ciento urbano, a un 8 por ciento, que sigue siendo alto, pero menos y el Gobierno ya ha celebrado por todo lo alto.

Lo mismo pasa con la balanza comercial, cuyos datos han sido festejados, y con las proyecciones del resto de organismos internacionales, que son trampa, pero se presentan exitosamente.

La mayoría de los analistas comprendían que el relato de culpar a Áñez y descubrir los datos de su gestión tenía la clara intencionalidad de preparar el terreno a medidas duras en lo económico, tal como fue la congelación salarial acordada para este 2021 con la Central Obrera.

Los más contemplaban desde la devaluación hasta la subida del IVA o incluso la incorporación de nuevos impuestos más allá de los simbólicos, como el de las grandes fortunas, todo ello apelando a un espíritu de sacrificio y compromiso con el país, fundamentalmente por culpa de Áñez, sin embargo, esto no parece que vaya a pasar.

Con todo, los problemas siguen vigentes, el empleo amenazado y las capacidades productivas instaladas sufriendo por el acceso al crédito y por la competencia desleal. Probablemente urgen reformas, pero esta vez tal vez no tengan que ser gravosas para los ciudadanos… Arce tiene en sus manos “nacionalizar” la economía y potenciar el uso del ahorro interno en el país, iniciativas para las que no necesita recordar a Áñez, sino inspirarse en lo que están haciendo la inmensa mayoría de los países en todo el mundo.


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