¿Cuándo volverá el turismo?

Tarija puede estar a tiempo de imaginar algo diferente al ser uno de los pocos departamentos que ha resistido sin colapsar sus UTI durante toda la pandemia, y donde existe la posibilidad de ofrecer destinos diversos

La pandemia no tiene visos de remitir en este lado del mundo. Ni siquiera los países más desarrollados están logrando frenar los contagios de forma significativa por el propio modo de vida que reina en el continente más desigual, pero también por lo que se augura como problemas serios con las vacunas y con la estrategia mundial de vacunación – que no existe, y eso es un problema -.

Es verdad que, al otro lado, es decir, en el hemisferio norte, ya han alcanzado sus cuotas de vacunación suficientes que les permite reactivar sus actividades económicas más sociales y en las que el turismo juega un papel fundamental.

Los expertos advierten de que esto es efímero, porque los países más poblados con bajos índices de vacunación y donde el virus sigue corriendo libre por las exigencias vitales – no todos los países pueden esconderse meses y meses – seguirán produciendo variantes más y más resistentes que harán de la vacuna algo inservible. Otros simplemente señalan que se convertirá en una gripe estacional que requiera su vacuna anual. Como sea, la vida parece que continuará, aunque todo haya cambiado.

En Tarija, lo de atraer turismo internacional es prácticamente una utopía desde siempre. Casi todos los gobiernos de todas las instituciones hablan del turismo como un rubro factible para atraer recursos, y por lo general se refiere a ese tipo de turismo internacional y no al turismo nacional o departamental, que en realidad es el que mueve la economía.

 La cuestión se ha puesto más difícil. Por lo general, el nuevo turista internacional va a exigir actividades poco masificadas – lo cual puede ser una oportunidad – en lugares donde haya un itinerario de salud claro. Es decir, lo que antes era una de las variables que se ponderaban para elegir destino, ahora va a ser la principal.

En general, Bolivia está subexplotada en materia turística, aunque para los gringos más gringos sea precisamente lo que sostiene el “encanto”. Ni siquiera los grandes productos nacionales, como el Salar de Uyuni o el lago Titicaca tienen una oferta diversa y para todos los públicos. Más bien al contrario, cualquiera puede hacer lo mismo por precios similares.

El problema será nuestro sistema sanitario, pues ni el público ni el privado puede dar garantías en caso, por ejemplo, de un rebrote de la pandemia.

La cuestión es que podemos estar a tiempo de imaginar algo diferente para el departamento de Tarija, uno de los pocos que ha resistido sin colapsar sus UTI durante toda la pandemia, y donde existe la posibilidad de ofrecer destinos diversos – valle, Chaco, altiplano -, abiertos y sin masificación.

Sin duda, es tiempo de pensar más que de actuar, pues probablemente es otro año perdido para la agenda de la Fe, pero puede ser una buena oportunidad para que el verano sea rentable para todos, sobre todo, en materia de salud.

Es tiempo de concertar políticas inteligentes que ayuden a todos.


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