Superar la DOT

Torres sospecha que hay corrupción, como toda Tarija, y probablemente sea más pacífico refundar la institución y volver a empezar de cero que tratar de esclarecer los miles de asuntos turbios y trámites encallados que existen

El alcalde de Cercado, Johnny Torres, ha decidido desde el principio enfrentar los problemas endémicos de esta ciudad, esos que se vienen arrastrando desde hace demasiado tiempo sin que nadie consiga – o ni siquiera se atreva – a poner orden y sentar la ley sobre las prácticas viciadas.

Torres arrancó fuerte iniciando obras en la necesaria segunda circunvalación, tan avasallada por todos sus rincones que a sus antecesores les daba miedo siquiera pensarlo. Lo mismo ha hecho con el botadero, sobre el que ha prometido una solución ya, no dentro de dos, tres o cinco años, no después de un diálogo con todos los actores. Ya.

No se ha quedado ahí. Torres ha decidido meter mano en la Dirección de Ordenación Territorial, que viene a ser la institución madre de casi todos los conflictos, pero también una institución manchada por la alargada sombra de la corrupción a todos los niveles.

Sin ir más lejos, los dos problemas anteriores tienen mucho que ver con la DOT, que no ha hecho respetar límites ni medidas en los lindes de la segunda avenida circunvalación proyectada hace muchos años y a los que demasiados vecinos le han ido comiendo terreno; mientras que en el botadero se han ido permitiendo urbanizaciones tan cerca que ahora padecen el efecto del no retiro.

La Dirección de Ordenamiento Territorial es un dolor de cabeza para aquellos que intentan hacer las cosas de acuerdo a norma, porque ninguna norma está lo suficientemente clara como para no acabar cayendo en lo de siempre. Son infinitos los testimonios que han ido goteando en redacción desde hace décadas sobre los manejos de tal o cual funcionario, de tal o cual urbanización, de las mañas para lograr esto o lo otro, etc.

Torres sospecha que hay corrupción, como toda Tarija, y probablemente sea más pacífico refundar la institución y volver a empezar de cero que tratar de esclarecer los miles de asuntos turbios y trámites encallados que existen. Con todo, no se pueden dejar pasar algunos de los casos más emblemáticos.

Ahora, el cambio debe ser para bien y la nueva Dirección de Ordenamiento Territorial – que se llamará SATT - debe ser capaz de dar la transparencia adecuada y la agilidad necesaria. Vivimos en el siglo XXI y acabamos de salir de una pandemia mundial donde se ha disparado para bien el consumo de tecnología y la transformación digital de numerosos servicios y Tarija no puede quedarse atrás.

Por otro lado, es urgente revisar las normas que se aplican en el sector en Tarija, pues bien han podido quedar obsoletas – como lo que tiene que ver con la construcción en altura con multipropiedad, que ni en la DOT entienden – o bien han dejado de ser aplicables ante la reiteración de violaciones.

En Tarija el precio de la vivienda sigue siendo caro y la expansión de la ciudad está convirtiendo en un suplicio la dotación de servicios básicos a todas las familias. Urge por lo tanto una actualización de normas que incentiven la construcción de una ciudad más compacta y que combatan con precisión la especulación, que lo único que consigue es frustrar la ilusión de muchas familias que no pueden disfrutar de un techo propio. Torres debe concretar los pasos. De momento va por el buen camino.


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