Los otros debates dentro del MAS

Más allá de lo que sucedió en octubre de 2019, el MAS se debe una reflexión sobre la legislatura 2014 – 2019 y las banderas arriadas sobre la transformación de la economía nacional

El debate sobre lo que pasó en 2019 va subiendo de intensidad, y si bien en el MAS no hay fisuras a la hora de calificarlo de “Golpe de Estado”, cada vez hay más dudas sobre el objetivo final que se busca con este impulso correctivo.

El MAS necesita posicionar la idea de Golpe para que no haya dudas sobre qué pasó en la legislatura 2014 – 2019 y cómo el Gobierno más poderoso de la historia de Bolivia, refrendado dos veces en las ánforas, pudo perder el control en el momento clave.

Mientras se debate de lo que pasó, que está más o menos claro para todo el mundo desde su posición ideológica y democrática, no se habla de por qué el MAS perdió el referéndum de 2016 y por qué siguió cayendo en 2019, ya que en el mejor de los casos hubiera alcanzado un 47 por ciento de los votos.

Unos apuntan a una desnaturalización del Movimiento Al Socialismo (MAS), a una subordinación de cualquier iniciativa al sostenimiento del poder pasara lo que pasara. Y no un poder suficiente, sino un poder absoluto, sin dudas, sin contemplaciones, ejercido sin piedad y sin titubeos. Se trataba del partido – Gobierno en el que ya nadie delibera ni cuestiona, sino que obedece y protege las decisiones en un planteamiento simplón de la relación entre el Gobierno y sus movimientos sociales, siempre desde el paternalismo.

En esa línea de la desnaturalización se apuntan las consecuencias de haber abierto los brazos a tantos y tantos “invitados” llegados desde círculos claramente de la derecha y clasistas, que además ingresaron para manejar el poder a algún nivel.

Otros hablan sin embargo del desvío de la revolución, de una sustitución de la Agenda de Octubre por otros objetivos programáticos enfocados en mantenerse en el poder, pero también en la perpetuación del sistema de clases y privilegios solo cambiando a algunos de los actores.

El país funcionaba bien en lo inmediato y la economía, medida en los términos ortodoxos recomendados por el FMI, crecía y crecía sin parar. En la disyuntiva, los que pedían la transformación de la matriz, la industrialización prioritaria y otras medidas de calado en educación y salud inclusiva y para todos, quedaron fuera del proceso, mientras que los que apostaron por la gradualidad utilizando los mismos métodos de la derecha: bonos, estimular la demanda, etc., pasaron a controlar el discurso.

A la fecha siguen vigentes decretos lesivos para los intereses de la economía nacional, como el 181 de contratación pública donde las empresas bolivianas se ven perjudicadas en prácticamente todos los artículos; o las regulaciones de la banca, las AFP y las ASFI, que acaban beneficiando a las transnacionales que se instalan en Bolivia con el dinero de nuestros ahorristas y no trayendo capital fresco.

No hay duda de que los debates dentro del MAS van más allá de lo que sucedió en 2019 y quiénes participaron dónde y cómo, pero urge que los económicos sí se lleven hasta el final y se tomen a partir de ahí las decisiones que requiere el país y la situación de crisis multidimensional en la que vivimos. Es urgente que el país se ponga en marcha en una dirección.


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