El problema de la vacuna y el problema de los vacunables
Es posible que mientras hablen los políticos y no los científicos, y mientras se siga alimentando por la cuerda baja el rechazo y la soberbia, probablemente la vacunación no avance
El problema de la vacunación no había sido quién compra la vacuna. De hecho, aquellos subgobiernos que hicieron campaña prometiendo vacunas ahora apuestan por una “compra en bloque”, y aquellos que pedían la libre importación parecen ya haber entendido que no hay canales privados de compras de vacunas en el mundo, al menos de los proveedores principales, y que todo se está manejando entre Estados, Organización Mundial de la Salud y farmacéuticas.
Es evidente que las compras en grandes paquetes benefician al comprador y son mejor atendidas por el proveedor, pero también es evidente que somos uno de los países menos poblados del mundo y que por ello, tenemos mucha menor capacidad de adquirir vacunas que otros, como, por ejemplo, India.
En lo seis meses que ya lleva el mundo en proceso de vacunación han quedado al descubierto numerosos planteamientos, el principal: la insolidaridad de los países centrales respecto a los países periféricos. Europa, por ejemplo, ha adquirido en el mercado cuatro veces más vacunas que su propia población, Estados Unidos parecido, y mientras tanto, ambos han anunciado “donaciones” de millones de vacunas, pero que siguen sin movilizarse, al tiempo que han evidenciado el fracaso el mecanismo Covax, que no es regalo sino compra prioritaria para países empobrecidos, pero que ha quedado desprovisto de lo esencial, es decir, que después de poner el dinero y manifestar las buenas intenciones, había que poner las vacunas, o permitir que se pusieran, y eso no ha pasado porque los poderosos han seguido acaparando todas las dosis.
El problema de la vacunación hoy tiene una perspectiva local y otra internacional. En lo internacional, las vacunas no están llegando donde tenían que llegar. Mientras en países de Europa y Estados Unidos se están vacunando a niños entre 12 y 18 años, cuya tasa de prevalencia, y ya no digamos de letalidad, tiende a cero, en países superpoblados como India y también Brasil el virus sigue moviéndose más o menos libre y fortaleciéndose cada vez más, sin que se haya logrado vacunar a las personas vulnerables porque simplemente, no hay dosis suficientes. ¿Qué hubiera pasado si grandes países no hubieran entrado en razón utilizando las vacunas rusas o chinas?
El otro problema es el que nos toca más de cerca: una gran cantidad de población de todos los estratos está rechazando vacunarse en Bolivia. El plan hiper optimista del Gobierno preveía tener a estas alturas unos cinco millones de compatriotas vacunados y apenas llega al millón y medio con primera dosis habiendo adelantado edades y priorizado todo tipo de sectores para lograr avances que no se han logrado.
Hay muchas causas para esto, desde bulos que corren con efectos secundarios de todo tipo – del hombre lobo a la disfunción eréctil – pasando por el alcoholismo práctico, el negacionismo clásico y la desconfianza ante las dosis de la vacuna empleada. Todo esto, claro, cruzado con la grosera manipulación política que le quita las ganas a cualquiera.
Es posible que mientras hablen los políticos y no los científicos, y mientras se siga alimentando por la cuerda baja el rechazo y la soberbia, probablemente no avance. Las consecuencias ya las conocemos: decenas y decenas de familias destrozadas, porque nuestro sistema, como ha quedado claro, no aguanta otra oleada.


