Efectos de la pandemia

El Estado afronta un triple desafío: atender el riesgo del contagio con medidas sanitarias, asegurar la cobertura gratuita de los casos de emergencia de los más excluidos y garantizar medidas de protección social para la población más expuesta

La pandemia no parece haber comprado su boleto de retorno, sus secuelas son cada vez más profundas. Las vidas cegadas, la crisis económica, los problemas psicológicos son solo algunos de los efectos que va dejando a su paso.

Aunque no hay cifras oficiales los hechos demuestran que la pobreza ha aumentado, y el virus ha golpeado aún más a los que menos recursos tienen. Así se han multiplicado los niños que trabajan en las calles, al igual que los adultos y los ancianos.

Pero si hay algo que duele mucho más, es ese verlos sin techo en las frías noches tarijeñas, que desde hace dos semanas han registrado un gran descenso de temperaturas.

De acuerdo a la Alcaldía de Cercado hay más de 35 adultos mayores viviendo a la intemperie, pero también 40 niños que cubiertos de periódicos y cartones buscan pasar las noches.

Aunque desde los gobiernos departamentales y municipales se activan planes de invierno, finalmente éstos solo terminan siendo paliativos. A ello se suma un problema que pone el desafío aún más grande: No todas estas personas aceptan el apoyo de las autoridades, en muchos casos por temor.

Lo que está claro es que la crisis sanitaria ha puesto en evidencia las profundas desigualdades sociales y económicas en todos los países del mundo. En Bolivia, y pese a la reducción registrada entre 2005 y 2018: 3,9 millones de personas viven en situación de pobreza y, de ellas, 1,7 millones no logra cubrir ni siquiera el coste de una canasta alimentaria básica.

En el escenario actual, el Estado afronta un triple desafío para garantizar el bienestar de la población: atender el riesgo del contagio con medidas sanitarias, asegurar la cobertura gratuita de los casos de emergencia de los más excluidos y garantizar medidas de protección social para la población más expuesta. Por ahora en ninguno de estos frentes se han podido registrar victorias.

El sistema de salud tambalea, el desempleo se ha disparado, el comercio informal se ha multiplicado y esto también se ha traducido en el aumento de las personas sin hogar. Pero ¿qué rol jugamos como ciudadanos?

Pese a que la obligación fundamental es del Estado, como pobladores de este mundo podemos aportar, pues si hay una palabra que ha tomado mucha relevancia en esta pandemia es la empatía, ese ponerse en el lugar del otro que tanto nos hace falta.

Es urgente que nos ayudemos en estos momentos más que nunca, quizás brindando ropa de abrigo, bebidas calientes, frazadas en fin. Esto mientras los gobiernos se reorganizan, dan prioridad a la pandemia, identifican las consecuencias estructurales que ésta ha provocado y sus principales afectados, y de una vez se organizan para trabajar en cada una de estas instancias sin soltar las riendas.

Esperemos que sea pronto, antes que los efectos de la pandemia nos rebasen y nos lleven a retroceder en todo lo avanzado. 


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