El terror y las AFP
El ahorro previsional es uno de esos pilares/tótems de la socialdemocracia que ha calado en los organismos multilaterales y que plantean que el Estado, de alguna manera, debe obligar a sus trabajadores a guardar dinero para el futuro
Una de las grandes promesas electorales de Luis Arce que ha quedado en el limbo es la de facilitar la devolución de aportes de las AFP a los ciudadanos para poder hacer frente a las urgencias de la crisis del Covid-19.
La idea no es original, pues en Chile se ha aplicado y en Perú incluso se habla de eliminar las AFP y sustituirlo por un banco, con otra lógica de inversión. En Bolivia, sin embargo, la ley da vueltas y vueltas por las comisiones de la Asamblea Legislativa sin que se llegue a hacer un planteamiento concreto.
Esta demora parece extraña para un país y un Gobierno alineado con las tesis más keynesianas de la economía, capitalistas al fin, en la que se habla del incentivo a la demanda como forma virtuosa de mover la economía y generar su dinamismo. Así vendieron el doble aguinaldo en su momento, los incrementos salariales, los bonos y cuanta medida económica se ha tomado recientemente.
El ahorro previsional es uno de esos pilares/tótems de la socialdemocracia que ha calado en los organismos multilaterales y que plantean que el Estado, de alguna manera, debe obligar a sus trabajadores a guardar dinero para el futuro, porque de otra manera (disque si se lo farrean) tendrá que ser el Estado el que cuide de ese trabajador arruinado, con lo que eso cuesta.
El sistema está tan mal planteado y calculado de forma tan vil – sobre esperanzas de vida centenarias - que en realidad solo importan los últimos años de aportes y tener un poco de suerte de no morir pronto, lo cual en Bolivia es muy difícil de conseguir. A pesar de todo, es el mejor sistema comprobado para que los ancianos puedan tener una vida digna en sus últimos años.
Devolver parte de esos recursos en estos momentos de pandemia es no solo un “golazo político” – parece que se entrega una plata que en realidad es de cada uno – sino también una forma de inyectar liquidez a un sistema atenazado por la incertidumbre, donde el consumo y la inversión se han detenido dejando impactos en el empleo, que es subempleo.
Pero entonces, si la medida es tan beneficiosa para los planteamientos del propio Movimiento Al Socialismo, ¿por qué no ha sido aprobado inmediatamente con un reglamento sencillo que asegure que nadie va a perder con esto?
Las primeras sospechas llevan precisamente al destino que el Gobierno, a través de una serie de decretos y normas, le está dando a esos millones de dólares que forman parte del ahorro previsional, y que lo administran dos entidades privadas, pero sujetas a las disposiciones.
La mayor parte de ese ahorro está invertido en sostener la banca, el propio Estado Plurinacional, además de otras inversiones “estratégicas”, lo que invita a pensar si realmente la arquitectura del Estado, tal como la está planteando el Gobierno, es sostenible sin el soporte de estos ahorros.
Como sea, la presión ha vuelto a la calle en los últimos días y la propuesta debe tener respuestas claras. Igualmente, la economía nacional debe construirse con transparencia y sin falsos temores, pero tampoco sobre dobles discursos.


