Autonomía regional para crecer
La autonomía regional debe servir para crecer en libertad dentro de Tarija y de Bolivia, porque es así que seremos más fuertes y, por ende, menos vulnerables.
En plena crisis y en plena redefinición de prioridades tanto en la implementación autonómica como en el desarrollo social, la relación entre valle y Chaco es uno de los sujetos más interesantes a abordar en los próximos años.
Repartida la caja de las regalías y del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y con una autonomía regional implementada, con autoridades electas al 100% de la legitimidad, parecería que nos encontramos ante uno de los momentos parteaguas en la historia, dispuestos a que cada cual avance por su lado, hasta que dentro de cinco años nos volvamos a encontrar en una elección donde la Región Autónoma seguirá teniendo un 30 por ciento del voto decisivo.
Posiblemente sea lo más práctico en términos políticos. Evitar un desgaste innecesario en tiempos de escasez, entregar todas las responsabilidades departamentales en la región y solo acercarse a saludar, a festejar, o cuando haya algo que entregar, aunque esto pueda tener unas consecuencias concretas de sostenibilidad.
La Región Autónoma del Chaco se ha ganado a pulso su derecho a explorar la autonomía regional a fondo. Hablamos de un territorio con unas condiciones orográficas particulares, en ocasiones tremendamente duras, que además ha sido expoliado y abandonado durante décadas. En el Chaco se registraban los peores índices de desarrollo humano del país, con casos de extrema pobreza intolerable para una tierra que sudaba petróleo y adonizaba gas natural.
La autonomía regional es un derecho ganado a pulso en el que los chaqueños deben poder demostrar su capacidad de administrar el territorio para garantizar un desarrollo armónico y compartido. Mientras, el resto de Tarija también debe ser capaz de enfocarse y funcionar. En cualquier caso, resulta absurdo pretender que dos unidades territoriales tan pequeñas – Tarija ya es el departamento más pequeño del país – vivan de espaldas y sin cohesión alguna.
La elección de 2021 ha puesto fin a años de pulsos y desconfianzas donde unos han gobernado contra los otros en demasiadas ocasiones, donde el fantasma del décimo departamento siempre ha estado guardado en un cajón dispuesto a exhibirse en el momento de mayor auge petrolero. Tan cierto es que Cercado se ha beneficiado del poder del Chaco petrolero como que en el Chaco se ha usado el mantra del centralismo como excusa victimista de la incapacidad.
El tiempo político nos obliga hoy a encontrar caminos de encaje, a proyectar planes que unan y complementen las diferentes realidades del departamento, a buscar fórmulas que permitan a cada cual exponer lo mejor de sí mismo para ganar en la suma, nunca en la resta. La división es precisamente el camino que buscan los poderosos para vencer las resistencias y acceder a los recursos naturales y a los mercados potenciales sin oposición. La autonomía regional debe servir para crecer en libertad dentro de Tarija y de Bolivia, porque es así que seremos más fuertes y por ende, menos vulnerables.


