Gana la banca
El problema con los datos es que, si no se cuentan con nombres y apellidos, creemos que son simples números sin sentimientos, gente que ni llora ni padece
No hay nada más ortodoxo en el sistema capitalista el sanctasanctórum de la banca comercial, esa misma que hace lo que le place con las normas que el fiscalizador exhibe con cara de malo, especialmente si es un gobierno de izquierda, aunque sea simulada, pero, además, después, lamenta todos los males que pasan en el país y en el mundo, como si estuviera al margen de todo ello.
En Bolivia el último informe de la Asociación de la Banca Privada (Asoban) da cuenta de lo sucedido en el país en los últimos dos años, donde de nuevo ha vuelto a haber un claro ganador: la banca privada.
El informe deja claro que la banca ha ganado 25 millones de dólares solo en los tres primeros meses del año 2021, probablemente los tres meses más duros de la pandemia no solo por el rebrote, que ha venido más virulento y mortal, sino por los efectos sociales que dejaron a miles de ciudadanos en la calle con contratos finalizados con el fin de año y otros cientos de miles en busca de la nada.
La ganancia, se lamentan los bancos, es el 52 por ciento menor que en el mismo periodo de 2020, cuando por cierto no había pandemia. Puede que haya a quien un 52% de caída en la utilidad le parezca una catástrofe, pero seguramente es incomparable con la catástrofe de aquel empresario que ha tenido que cerrar su empresa y desahuciar a sus trabajadores ante la inviabilidad de encender máquinas; o la de aquel ciudadano que no ha percibido su sueldo, o ha sido expulsado de su trabajo, o peor, se ha visto obligado a renunciar.
Hay otro dato demoledor; los depósitos crecieron un 7 por ciento, lo que es decir que la gente prefirió guardar su dinero bajo el colchón – en este caso en el banco – a unas tasas de interés bajísimas, pero por una sencilla razón: a nadie le gusta lo que ve y la incertidumbre se apodera de cualquier eventual intención de invertir o consumir alegremente - porque la polvareda no deja ver qué posibilidades hay de que la cosa vaya bien -, así que la plata se queda en el banco.
El tercer dato que saca roncha es el del destino de los créditos, cuya cartera también sube, pero todo el mundo duda sobre si es un impacto real o una escapatoria. Si en el pasado el microcrédito, el crédito de consumo o la vivienda social se llevaban la mayor parte, ahora son básicamente empresarios en apuros y familias quienes han ocupado la mayor parte de la cartera, otro dato que es sintomático.
El resto son un compendio de datos que vienen a pintar una situación de incertidumbre general en el sector privado, pero que tiene algunos fantasmas más que identificados en el sector público, siempre dispuestos a abalanzarse contra la buena suerte o el buen trabajo.
El problema con los datos es que, si no se cuentan con nombres y apellidos, creemos que son simples números sin sentimientos, gente que ni llora ni padece, pero lo cierto es que Bolivia ya no es un reducto desconectado del resto del mundo, sino que las pandemias llegan y, quién sabe, todo se tambalea.


