Los 3.198 millones de Óscar Montes

El interés por enmarcar la legislatura en una crisis económica parece chirriar con los discursos de campaña, todavía frescos en la memoria colectiva, en los que se hablaba de experiencia y buen hacer

El Gobernador ha puesto la primera piedra fundamental sobre la que espera construir su gestión. Se trata de una piedra, también conocida como pesada losa, que básicamente es la cifra del volumen de la deuda total que tiene el departamento de Tarija en este momento, entre obligaciones financieras, proyectos pendientes y programas en curso. Según sus cálculos son 3.198 millones de bolivianos con un ingreso anual estimado de 600, lo que obliga a tomar decisiones.

La escenificación de los primeros días de Gobierno recuerda demasiado a la de Adrián Oliva Alcázar en 2015 – 2016, cuando tuvo que buscar soluciones financieras para una deuda que por entonces se cifraba en 8.000 millones de bolivianos, solo en proyectos de inversión comprometidos entre la Gobernación, los proyectos concurrentes de los municipios y las obras contratadas por las subgobernaciones, que por entonces eran electas y tenían manga ancha para licitar.

De aquellos lamentos salieron una mala relación con el hoy presidente Luis Arce Catacora; una refinanciación de 850 millones de bolivianos, parte en fideicomisos y parte con la banca privada y unas cuantas demandas por resolución de contrato improcedente pero que al final le dieron viabilidad a la Gobernación para acabar la gestión sin morir en el intento.

Retornar a un escenario deprimente, de recortes y negatividad no parecía lo previsto, pero por el momento, parece estar en la agenda

Lo que no está tan claro es qué saldrá de los actuales y cuál es la necesidad real de posicionar tan fuertemente una idea de crisis financiera en este momento. Y es que el pago de la deuda no es inminente, aunque es verdad que en los próximos meses las letras de pago de créditos se incrementarán y dejarán menos margen de acción al Gobierno Departamental, mientras que para el resto existen los recursos programados en el POA, aunque los desembolsos no lleguen con la celeridad que se requiere.

El interés por enmarcar la legislatura en una crisis económica parece chirriar con los discursos de campaña, todavía frescos en la memoria colectiva, pues en la misma se apeló a la experiencia de un grupo de políticos de trayectoria que ahora parecen sorprendidos por los números que nunca fueron desconocidos ni ocultados para nadie, ya que Oliva se encargaba de recordar las estrecheces con asiduidad. Tampoco encaja la insistencia en referirse a la necesidad de recortar programas y personal luego de haber basado el contra ataque de la campaña en la promesa de generar empleo.

La llave para casi todo lo tiene el Gobierno Nacional, lo que abre otra vertiente de incertidumbre sobre la estabilidad y las posibilidades de éxito del ejecutivo, y de su coalición. En cualquier caso, los mensajes no parecen dirigirse todavía hacia arriba, sino hacia abajo, hacia el mismo pueblo que lo aupó Gobernador hace poco más de un mes.

Los tarijeños fueron a votar agotados de la crisis y en un estado de fatiga pandémica que lo condicionó todo y con todo, fueron a votar con ilusión. Retornar a un escenario deprimente, de recortes y negatividad no parecía lo previsto, pero por el momento, parece estar en la agenda. Ojalá pronto se empiecen a ver soluciones. Las soluciones esperadas.


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