Colombia y la presión fiscal de un continente
FMI y Cepal son las dos instituciones que se están “ocupando” de que Sudamérica salga de esta crisis pandémica con reformas de calado, y el primer paso es la reforma fiscal
Lo que hoy pasa en Colombia ya no tiene que ver con un aspecto puntual, como lo fue la reforma tributaria al inicio, que ejerció como desencadenante, sino que es la suma de descontentos en un contexto de profunda crisis y de hartazgo político para lo que todavía no se prevé una salida ni mucho menos una solución.
La respuesta original del Gobierno de Iván Duque fue la de siempre: represión máxima, lo que fue interpretado al dedillo por unos cuerpos policiales a los que se les lleva inculcando cincuenta años que cualquier disidente es un narcoterrorista y, por lo tanto, la violencia extrema está justificada. La percepción no es distinta de la que se ha forjado en un amplio espectro de la clase media, que se ha acostumbrado a mirar para otro lado y a no cuestionar las decisiones de una clase dirigente que usufructúa el poder desde hace varias generaciones.
El reduccionismo extremo ha llevado a demonizar cualquier movimiento a la izquierda bajo el estigma de las guerrillas, que en Colombia siguen teniendo una vida más o menos activa en la vida pública y política más allá de la desmovilización de las FARC. En ese contexto, cualquier reclamo por mejores condiciones de vida para las clases populares o indígenas en uno de los países más desiguales de Sudamérica se tildaba de sedicioso.
Sin embargo, era cuestión de tiempo que la gente que vive al margen del sistema acabara rebelándose. En la elección de 2018 solo votó el 54% de los 36 millones de habilitados en un país de 48 millones de habitantes. En el referéndum por la paz de 2016 lo hicieron apenas 13 millones.
Es probable que pronto los colombianos resuelvan por sus propias pulsiones los problemas que lo han levantado, y nadie descarta un giro radical en la propia forma de gobierno, sobre todo porque lo medios hegemónicos de todo el mundo están silenciando lo que pasa en ese país de una forma que no parece casual, sino completamente organizada.
No hay que olvidar que Colombia es cabeza de playa de las políticas occidentales, y que pasa por ser un socio de la OTAN en el continente americano, además de un disciplinado ejecutor de las políticas del FMI y la Cepal, las dos instituciones que más se están “ocupando” de que Sudamérica salga de esta crisis pandémica con reformas de calado. Es ahí donde se origina la mentada reforma fiscal de Duque que agita los demonios.
Los analistas críticos en Colombia advierten que la reformaba se basaba en que las clases medias pagaran más para beneficiar a las clases bajas mientras que las clases más altas eran apenas impactadas y no se resolvía ninguno de los problemas de la equidad. Lo cierto es que, en este continente esquilmado y empobrecido, importar recetas de otras latitudes no suele dar buenos resultados en tanto no tiene en cuenta ni su diversidad ni su idiosincrasia, ni siquiera su resquebrajamiento social.
Bolivia está atravesando momentos complicados en lo económico y ya han sonado voces a favor de incrementar la recaudación vía impuestos, aunque con asuntos cosméticos como el IVA a las tecnológicas o el impuesto a las grandes fortunas. Es seguro que en los próximos meses vengan novedades por otros ámbitos. Ojalá sepan calcular la dimensión.


