Liberar patentes, cuidar la humanidad

Pedir la liberación de las patentes de las vacunas anticovid es político, pero no partidario. A estas alturas de la catástrofe es incomprensible que haya quien se oponga a esta fórmula de liberación

Para nosotros que estamos en el círculo rojo, a veces se vuelve incomprensible como una buena causa puede ser tan politizada que acaba perdiendo su sentido, de la misma forma llama la atención como una buena causa puede acabar generando rechazo solo por quien la plantea.

Liberar las patentes de las vacunas ARN pasa por ser una obligación moral de todos los Estados, que al final son quienes controlan la Organización Mundial del Comercio y todo ese maremágnum de organismos multilaterales y entidades reguladoras que tienen por objetivo mantener el statu quo, al menos hasta que los Estados decidan sus cambios.

Por el momento lo piden los países pobres, la Organización Mundial de la Salud y hasta el presidente de los Estados Unidos – que seguramente ya calcula tener a todo el país vacunado cuando se apruebe tal medida. Se resiste, sin embargo, la vieja Europa, experta en decir lo bueno que hay que hacer, pero mucho menos acostumbrada a hacerlo.

El asunto no tiene muchas más lecturas que la codicia. Es verdad que Europa y Estados Unidos han aportado más que nadie al desarrollo de las vacunas en tiempo récord – aunque también Rusia y China y hasta Cuba -, pero no tiene sentido, en un contexto de pandemia, pretender proteger a tus ciudadanos encerrados perimetralmente – como en cárcel – sin contribuir a la lucha global.

Y es que de lo que no se quiere hablar es de la incertidumbre, de lo que pasa en los países pobres y densamente poblados y de cuántas vacunas serán finalmente necesarias de poner. Ahora le llaman “variantes”, y evidentemente son mutaciones del covid-19 que están modificando las reacciones a la enfermedad.

El riesgo es evidente, es posible que en países hiperpoblados y con condiciones deficientes, el virus llegue a circular a tal velocidad que sus modificaciones sean más fuertes que cualquier vacuna de las que hay en circulación y que en ninguno de los casos ha sido suficientemente testeada en tiempo real. En ese momento, la humanidad estará en serios problemas.

No es este un editorial antivacunas ni ningún alegato negacionista. Nada más lejos de la verdad. Lo que sí es, es un llamado a la cordura y la solidaridad internacional. Los países ricos han comprado vacunas para cuatro veces su población, mientras tanto, el mecanismo Covax, creado por los dolores de conciencia, que se olvidan cuando el asunto aprieta, lleva desde su nacimiento postergando el cumplir con sus compromisos, dejando a los países empobrecidos, como Bolivia, desprotegidos y sin margen de reacción.

No hay que descubrir la pólvora. Se trata de una vacunación masiva a escala planetaria, y para ello, es necesario que todos los países alcancen simultáneamente su inmunidad de rebaño, y por lo tanto, que todos aquellos que puedan hacer una vacuna reciban la fórmula y la autorización. Es de humanos.


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