1 de mayo, prioridad en el empleo

Bolivia necesita un mercado laboral más dinámico que incentive la contratación formal y también un Gobierno comprometido con mantener el empleo formal en este momento, pero eso no se hace por ley, sino con ayudas

Hubo un tiempo en que en Bolivia el 1 de mayo se convirtió en el día de las nacionalizaciones. Fue en esta fecha señalada en el mundo obrero en el que Bolivia recuperó los hidrocarburos en 2006, pero también Entel o Ende en los años siguientes. Sin embargo, cuando se acabaron los golpes de efecto en ese sentido, el Gobierno de Evo Morales devolvió el foco hacia el mundo obrero.

Inicialmente, elevar el salario mínimo era el principal objetivo, una estrategia común en partidos gobernados por la izquierda popular en este siglo para lograr salarios más dignos para la mayoría, aunque en la práctica lo que ha logrado es igualar por abajo, pues ante la incertidumbre normativa y la rigidez del contrato laboral, incluso profesionales están siendo contratados por esos montos.

Como Bolivia vivía tiempos de bonanza y el obrerismo apenas se reduce a unas cuantas empresas estatales, la dirigencia de la Central Obrera Boliviana, único invitado al Diálogo Social, se centró especialmente en lograr jugosos incrementos sobre el salario básico, que por el uso porcentual lineal,  ha ido alejando a quienes obtienen mayor remuneración – y que normalmente son empleados con muchos años de servicio en empresas estatales o cooperativas, como los que conforman la dirigencia de la COB – de los nuevos contratos. Los dobles aguinaldos han venido a ahondar en esta brecha.

Durante años se ha advertido al Gobierno de Evo Morales y al Ministerio de Luis Arce de los efectos de estas prácticas en la empresa privada, que cada vez es más débil, como muestran los datos – apenas un 10 por ciento de las empresas son SRL o SA – y que ha eliminado cualquier posibilidad de inversión tecnológica, sin embargo, y dado que la bonanza económica primero y las urgencias electorales después permitían o exigían mantener las recetas, la dinámica se mantuvo.

Con la caída del precio del gas hubo dudas, pero con el frenazo que ha supuesto la irrupción de la pandemia y los efectos del bajo consumo interno y el parón de la inversión, el desempleo se ha disparado porque la empresa privada está al límite, pero esta vez se añaden las dificultades en el sector público, cuyo déficit disparado no le permitirá generosidades.

Con todo, la idea que se intenta transmitir desde el Gobierno es de que la receta no es la equivocada, sino que se trata de salvar los muebles ahora que la economía abofetea el día a día, pero que nada va a cambiar y todo volverá a ser igual en unos años, negando así cualquier posibilidad de reforma.

Bolivia necesita un mercado laboral más dinámico que incentive la contratación formal y también un Gobierno comprometido con mantener el empleo formal en este momento, como lo han hecho todos los países occidentales. Aprobar una ley que prohíbe el despido no resuelve el problema de fondo, sino que esconde bajo un aura de hipocresía millones y millones de trabajadores precarios, sin contrato, sin salud, sin jubilación y sin seguridad para invertir.

La clave puede seguir siendo el dinamismo del mercado interno, pero esta vez toca proteger el empleo, y eso pasa por ayudar a la pequeña y mediana empresa, tantas veces castigada y criminalizada.


Más del autor