Limpiar el planeta, y mantenerlo limpio

Hemos tomado impulso, lo siguiente es convertir la moda en algo consistente, en algo que quede, y ahí son las instituciones, ONG, activistas locales, etc., los que tienen un rol que jugar a largo plazo

El sacudón del francés Alexis Dessard a las conciencias de los vecinos ha venido a ser uno de los hechos más inspiradores de las últimas semanas. Un joven extranjero con cámara en mano convocó a limpiar el Cementerio de Trenes de Uyuni justo unos pocos días después de una de esas amargas polémicas que crean los localismos ciegos, y desde entonces, no ha parado de tener éxito en sus diferentes convocatorias a lo largo de toda la geografía nacional.

Dessard ha despertado las conciencias de muchos jóvenes sobre todo porque ha ayudado a canalizar las energías y los recursos hacia donde hacía falta. Evidentemente todos podemos tener buena voluntad, pero el poder de convocatoria y la capacidad para movilizar transporte, bolsas, etc., no se consigue fácilmente, salvo en momentos así, en los que las autoridades se ven expuestas y no les queda de otra que colaborar.

Después de Uyuni vino el Uru – Uru, el río Rocha en Cochabamba y finalmente una explosión de actos por todo el país, incluyendo Tarija y nuestro maltrecho río Guadalquivir, aunque otros grupos se fueron a limpiar ciclovías u otros parques.

Lo que ha provocado también este amigo Dessard es la envidia de muchos que se dicen “influencer” – aunque en realidad son poco más que protestones – y que no se pueden explicar el repentino éxito y poder de convocatoria del joven visitante.

Siendo esto de la envidia uno de los pecados más comunes en nuestra configuración identitaria, bien valdría que se hicieran esfuerzos por canalizar el impulso activista logrado por el joven francés, que ha comprometido a las autoridades con recursos y acciones concretas, antes de que el impulso verde se diluya entre pulsiones políticas – todos quieren fotos con el francés – y el propio invierno.

Vivimos en una sociedad mediatizada en la que el altruismo no está de moda, salvo que sirva para unos buenos posteos en redes sociales de los que poder alardear, y no se trata de juzgar, sino de constatar. La cuestión es que a partir de las acciones concretas se debe generar un movimiento permanente y, además, un cambio en la conciencia.

Los lugares propuestos para la limpieza han acumulado toneladas de desechos básicamente por la acción del ser humano y por esa costumbre de maltratar nuestro ecosistema y si bien hoy es más común la censura, todavía se sigue botando basura y plástico en las vías públicas o abandonando los restos en las cotidianas visitas al campo.

Hemos tomado impulso, lo siguiente es convertir la moda en algo consistente, en algo que quede, y ahí son las instituciones, ONG, activistas locales, etc., los que tienen un rol que jugar a largo plazo. Cuidar Bolivia es una emergencia, una necesidad imperiosa que muestra también patriotismo y desarrollo. Crezcamos en paz con nuestro medio ambiente. Dejemos de botar basura en cualquier sitio para que de verdad no haga falta que nadie venga a recordarnos que nuestros lugares emblemáticos parecen vertederos.


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