Adiós a los eternos “territorios de batalla”

Los cuerpos de las mujeres se convierten en territorios de batalla sobre los que opinan diversos actores de la sociedad

Aunque para algunos resulte increíble son muchas las mujeres en nuestro país que no deciden sobre ellas mismas, pues no tienen potestad sobre su salud, la anticoncepción y las relaciones sexuales en pareja.

En Bolivia, solo 3 de cada 10 mujeres (36%), entre 15 y 49 años, que están casadas o en unión, tienen la última palabra para decidir sobre su salud (ir al médico o a un servicio de salud, por ejemplo) y solo 2 de cada 10 deciden por su cuenta el uso de métodos anticonceptivos, según información del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) con datos de la última Encuesta de Demografía y Salud, EDSA (2016).

Y es que el derecho a decidir de las mujeres sobre sus cuerpos, su sexualidad y su reproducción no está garantizado prácticamente en ningún país del mundo, donde los cuerpos de las mujeres se convierten en territorios de batalla sobre los que opinan diversos actores de la sociedad.

Y aunque estas decisiones fundamentales son parte del derecho a la autonomía e integridad corporal de las mujeres, y forman parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, hay muy poco avance sobre ello.

El reto está en garantizar el derecho a la autonomía corporal de las mujeres, jóvenes y niñas en el país, un derecho que se vincula al ejercicio de otros derechos como el de la integridad, el de la no violencia, el de la educación y el de la salud.

El matrimonio infantil o forzado, las uniones tempranas, la falta de acceso a educación integral, la violación sexual, la homofobia o transfobia, la violencia sexual, las leyes que obligan a casarse con el violador, los asesinatos “por honor”, la mutilación genital femenina, la coacción reproductiva, las “pruebas de virginidad”, la esterilización forzada o uso forzado de métodos anticonceptivos y la esclavitud son indicadores de no tener el poder de elegir sobre sus cuerpos.

Lo peor de todo es que las mujeres y las niñas no son conscientes que tienen derecho a decir que no. La autonomía corporal sigue siendo sólo una posibilidad remota para muchas personas en América Latina y el mundo.

Pero ¿Qué pasaría si avanzáramos en este objetivo?

Una mujer que tiene control sobre su cuerpo tiene más posibilidades de estar empoderada en todos los ámbitos de su vida, con lo que hay beneficios no sólo en su autonomía, sino en su salud, educación, derechos y seguridad, lo que le permitirá más posibilidades de prosperar y lo mismo a su familia y a la comunidad.

El empoderamiento de las mujeres implica que participen plenamente en todos los sectores y a todos los niveles de la actividad económica para construir economías fuertes, establecer sociedades más estables y justas, alcanzar los objetivos de desarrollo, sostenibilidad y derechos humanos y mejorar la calidad de vida de las familias.

Son muchos los ámbitos desde los que hay que trabajar la igualdad de género, cuyo concepto no es sólo un objetivo de desarrollo en sí mismo, sino un medio imprescindible para lograr todos los objetivos y derechos.

Sólo con hombres y mujeres conviviendo en igualdad será posible solucionar los conflictos políticos, el crecimiento económico, la prevención de las enfermedades, el cambio climático y, en definitiva, garantizar la sostenibilidad del mundo.

Como sociedad, dejemos de lado los eternos “territorios de batallas”, pues cada cuerpo tiene un espíritu y una mente, que no nos pertenece.


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