Google, Facebook y la incoherencia de los políticos en campaña

En Tarija y en todo el país urge un pacto que proteja al periodismo como bien público y a los medios como ente que garantice la actividad del periodista sin presiones ni vulnerabilidades

La campaña que hoy acaba ha tenido fuertes contradicciones y más de una equivocación, una de ellas es el trato que los candidatos han dado a la prensa libre, que sin duda no es del agrado de los políticos de hoy en día, más preocupados en salir bien en sus redes sociales y colocar sus mensajes sin intermediarios, como si la política se tratara de partidos de fútbol, de Messi versus Cristiano, en lugar de un acto de compromiso con la gestión pública, que necesariamente debe requiere de la interpelación y la participación popular.

Uno y otro candidato se han pasado los últimos treinta días prometiendo una reactivación económica del departamento a partir de sus propias capacidades productivas o de la atracción de dinero nacional, y para ello han utilizado sus estrategias de llegada en el territorio – con sus escenarios, guirnaldas, refrigerios, etc., casi siempre conseguidos a través de cesiones y promesas de futuro, y la vía comunicacional.

En esa vía, los candidatos han utilizado dos caminos, la de la propaganda pura y dura colocada en redes sociales, Google y YouTube, invadiendo la privacidad de todos los potenciales votantes, donde los mensajes se explicitan sin cortes y sin matices; y el camino de la guerra sucia, para lo que se forma un completo ecosistema de medios de creación específica, bots y perfiles falsos en redes sociales dedicados exclusivamente a encumbrar a un candidato y, sobre todo, a defenestrar al otro.

Los candidatos han utilizado dos caminos, la de la propaganda pura y dura colocada en redes sociales, Google y YouTube, invadiendo la privacidad de todos los potenciales votantes

En estas vías, los candidatos han dedicado ingentes cantidades de dinero, porque una cosa es que una publicidad en Facebook un día sea barata, y otra que el bombardeo constante y diario no tenga un costo sustancial y significativo, pero es la estrategia.

Resulta sin embargo curioso que incluso antes de llegar al poder, los candidatos que prometen desarrollo interno incurran en tamaña incoherencia por estrategia, pues de tanto prometer generar empleo y proteger los emprendimientos, no paran de llenar las arcas del gigante azul, que paga sus impuestos muy lejos de la campiña tarijeña.

Claro, suena feo que un medio de comunicación reclame la fuga de divisas de la publicidad, pero tampoco parece tener demasiado sentido que la pauta publicitaria de la campaña se disfrute en Silicon Valley, donde seguramente serán incapaces de situar Tarija, Bermejo o Entre Ríos en el mapa sin ayuda de Google, mientras los periodistas del lugar tienen que comulgar con las estrecheces, cuando no con los malos tratos o las exigencias, como si realmente se entrevistara a Messi o a Cristiano.

En Tarija y en todo el país – donde últimamente se han desatado furibundas cacerías contra periodistas, como el año pasado por estas fechas - urge un pacto que proteja al periodismo como bien público y a los medios como ente de protección, pues pocas cosas hay más vulnerables que un periodista solitario transmitiendo desde su salón en un país en el que nadie quiere pagar por información.

Las cosas realmente se pueden hacer de otra manera, pero esta forma de hacer política está dispuesta a acabar con todo.


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