El retraso del transporte urbano
Reordenar las líneas pasa por ser elemental, y ya hay varias sugerencias para que se establezcan líneas circulares y algún elemento vertebrador como un tranvía o buses de alta capacidad que una Tomatitas con El Portillo
En breve arrancará una nueva legislatura en los municipios, y sin duda una de las que enfrentará más desafíos es la de Cercado. La mayoría de los asuntos clave no han sido resueltos en las gestiones anteriores: ni el tratamiento de aguas residuales, ni la provisión de servicios básicos en los barrios periurbanos – producto del desorden con el que ha crecido la ciudad -, ni los asuntos del transporte público, que sigue (des)organizado sin orden ni control.
El problema del transporte urbano a este lado del mundo es que es de carácter privado y no público, y por ende, aquellos que explotan el servicio están preocupados en maximizar su beneficio y no en brindar un servicio de calidad a los ciudadanos, evidentemente. La excepción está en Uruguay, Argentina y de forma piloto se empiezan a implementar servicios públicos también en algunas ciudades andinas, La Paz entre ellas, pero el desafío sigue siendo enorme.
En Tarija, el último gran cambio en el transporte público ha sido el de pagar al subir, una “revolución” que todavía no ha calado entre algunos sectores más aguerridos, y que básicamente no afecta en nada a la calidad del servicio en cuestión.
Después se han hecho algunos parches y muchas promesas, pero nada efectivo. Las paradas siguen siendo elementos decorativos – ni siquiera mucho, porque son unos tristes postes -, los carriles bici del centro son innecesarios y los de fuera no unen nada con nada, los taxis siguen sin aprobar una forma única de identificarse y por ende, los libres siguen creciendo y las tarifas se incrementaron a cambio de nada.
En otros lugares, el transporte ha sido la verdadera revolución ciudadana del siglo XXI: No solo se han implementado sistemas de metraje, monederos con viajes mensuales y tarifa hora; los carriles bici se han impuesto en las ciudades y sus alcaldías han dispuesto servicios de préstamo cuasi gratuitos; últimamente son las motos y los patinetes los que han ganado terreno, también a costos bajísimos y desde la perspectiva del pago por uso y el respeto al bien público, pero todo esto sigue sonando lejísimos de Tarija.
Algunos sectores que se dicen activistas por el mejor transporte solo se preocupan de que el bus no pase por el centro, lo cual es absurdo, pues lo que habría que restringir en todo caso sería el transporte privado, mientras tanto, no se abordan las causas de fondo ni se reorganiza el sector con una articulación pública.
Probablemente el nuevo alcalde debería revocar todas las licencias de las líneas y volver a licitarlas. Sí, licitarlas, pues debería mediar un concurso público y no esta especie de derecho de pernada por los siglos de los siglos. Un rediseño y una nueva licitación – porque son los buses y taxitrufis los que usan el asfalto, las paradas y contaminan el aire – no tendría el objeto de lucrar, sino de garantizar un buen servicio.
Reordenar las líneas pasa por ser elemental, y ya hay varias sugerencias para que se establezcan líneas circulares que garanticen la movilidad, y también algún elemento vertebrador como un tranvía o buses de alta capacidad que una Tomatitas con El Portillo – Campesino, Universidad, Aeropuerto, Terminal de Buses -, etc., además de establecer sistemas de pago electrónico y complementar lo multimodalidad.
Sin embargo, es posible que nada de esto pase y que el transporte urbano siga siendo el reducto de unos cuantos y un espacio discrecional en el que la autoridad no se ejerce. El lugar, al fin y al cabo, de los que no quieren que Tarija crezca ni cambie.


