Consumir local, la clave de la salida
En estos momentos de depresión económica, resulta más importante que nunca que todos los sectores se comprometan en consumir producción nacional a como dé lugar
Después de varias experiencias fallidas, el mundo se ha conjurado para enfrentar primero la pandemia y después ver la forma de arreglar la economía. Eso sí, mientras tanto, los gobiernos movilizan millones y millones de dólares para mantener a flote empresas y empleos. Son las enseñanzas de la crisis de 2008, cuando Keynes fracasó y con él, toda la teoría del ajuste de mercado del capitalismo.
En Bolivia el plan parece diseñado al revés, nadie le presta especial atención a la pandemia, que la va regulando el mercado libre donde se ofrecen tratamientos, medicinas, vacunas y demás, mientras el Gobierno se dispone a exprimir a las empresas supervivientes a base de fiscalización de impuestos y simula una recuperación en base a datos de empleo poco ortodoxos: aquel que sale desesperado a buscar cualquier cosa para llevar el pan a su casa no debería contarse como empleado, sino como destruido.
En todo el mundo, además, se han puesto en marcha planes y programas que estimulen la compra local, pues comprar al vecino es la forma hoy de hacer Patria. En Bolivia, sin embargo, las campañas de ese tipo siguen oliendo a naftalina, como si cada vez estuvieran más desarraigadas de las necesidades reales, o como si realmente el alineamiento cultural haya llegado a extremos.
En Tarija en particular, la competencia de los productos argentinos es abrumadora, pues inicialmente se le presuponía una calidad más alta, y actualmente no hay forma de competir con un precio extraordinariamente bajo
A estas alturas del desarrollo, resulta extraño tener que volver a recordar que la producción nacional es la que genera riqueza en el país, porque se elabora normalmente con materias de la tierra que los productores extraen y comercializan a precios justos; porque las empresas pagan sus impuestos aquí y contratan personal de aquí y por tanto, los recursos se quedan aquí, mientras que al comprar un producto internado apenas deja porcentajes de distribución y comercialización y algún impuesto, salvo si es de contrabando - que es lo general - que entonces el aporte a la riqueza nacional es mínimo.
En estos momentos de depresión económica, resulta más importante que nunca que todos los sectores se comprometan en consumir producción nacional a como dé lugar, y eso pasa porque desde los poderes públicos se faciliten las compras nacionales, además de garantizar que en las licitaciones son suficientemente favorecidas por este concepto, pero, además, la ciudadanía en general debe interiorizarse de esta necesidad y obrar en consecuencia.
En Tarija en particular, la competencia de los productos argentinos es abrumadora, pues inicialmente se le presuponía una calidad más alta, y actualmente no hay forma de competir con un precio extraordinariamente bajo, más cuando el ingreso es por la puerta del contrabando.
Contra eso, solo cabe hacer pedagogía y pedir los esfuerzos, sobre todo, a los que los pueden hacer en esta difícil coyuntura. Es necesario que la economía nacional se mueva, y eso se favorece si de verdad, consumimos lo nuestro.


