Las vacunas, otra vez
El Gobierno de Arce tiene, por tanto, dos tareas urgentes, sistematizar con calidad toda la información disponible y redoblar recursos humanos para acelerar la vacunación
Pasan los meses y la pandemia empieza a convertirse en una especie de pesadilla permanente a la que ya nadie le quiere prestar atención, pero lo cierto es que se sigue cobrando numerosas víctimas que, en nuestro país, no son precisamente personas de una tercera edad muy avanzada, sino que en su mayoría son todavía personas económicamente activas.
La violación de las medidas de bioseguridad y las reglamentaciones al respecto de la pandemia son sistemáticas y cada vez a niveles más altos: los actos de campaña han sido aberrantes desde el punto de vista sanitario, y ya han acabado incluso en bailes multitudinarios.
En un año de pandemia se han probado diferentes estrategias, y en ese sentido, cabe ponderar que al menos el equipo de Luis Arce tiene idea de lo que quiere hacer: masificar pruebas, vacunar y negarse a cualquier tipo de cuarentena. Basta recordar que hace un año otros eruditos decretaron una cuarentena rígida y total con apenas 35 casos positivos en el país, y que esa cuarentena no sirvió ni para preparar hospitales, ni para socializar, ni para nada salvo para dinamitar los pocos ahorros que los más desfavorecidos tenían.
Hace un mes que llegaron medio millón de dosis de la vacuna china, pero apenas se han administrado 140.000. En la última semana se han inyectado 20.000 dosis
El Gobierno de Jeanine Áñez negó siempre la posibilidad de usar los test rápidos que circularon pronto en todos los países del mundo y que evidentemente no eran tan fiables como lo son ahora los test de antígenos, pero que han hecho su papel en todos los sitios donde se ha implementado al aumentar los controles y los diagnósticos preventivos. En Tarija, por ejemplo, es la clave para que se mantenga la más baja tasa de letalidad del país.
Arce tardó en lanzar su propia estrategia, y aun así tuvo que lanzarse a la pileta sin las garantías suficientes de la provisión. Los reactivos para PCR y los test de antígenos siguen siendo elementos costosos y escasos en el mercado internacional, y las vacunas, sea cual sea la casa que la comercialice, se están rigiendo por la regla más brutalmente elemental del libre mercado.
En esas, la estrategia ha empezado a flojear a medida que los datos empezaron a escandalizar; el número de pruebas es menor – aunque muy inferior al de cualquier día de la anterior gestión – y el dato de decesos ha dejado de ser verosímil hace tiempo, pues la mayoría no son reportados mientras el número de exceso de muertos es guardado celosamente por el Sereci.
El problema real viene ahora por la vacunación, verdadera promesa de Arce y que está a punto de hacer aguas. El asunto vale la pena diferenciarlo en dos: una cosa es la capacidad que se tiene para acceder a la vacuna teniendo en cuenta la actitud miserable de las potencias centrales, que han acaparado cuatro veces la cantidad de vacunas que necesitan, y otra cosa es la capacidad interna de administrar las dosis necesarias.
Hace un mes que llegaron medio millón de dosis de la vacuna china, pero apenas se han administrado 140.000. En la última semana se han inyectado 20.000 dosis en los brazos bolivianos con enfermedad de base o mayores de 60; en Tarija han sido apenas 2.300. Huelga decir que a ese ritmo se tardará mucho más de lo previsto y cualquier afán por lograr inmunidad de grupo será inviable.
El Gobierno de Arce tiene, por tanto, dos tareas urgentes, sistematizar con calidad toda la información disponible y redoblar recursos humanos para acelerar la vacunación. Hasta entonces, nada que celebrar.


