Un pacto de Estado contra la pandemia
Los datos han empezado a caer mal en determinados foros y se han rebajado las pruebas y con él, los positivos. El objetivo es, de nuevo, dar sensación de solvencia política más allá de la realidad diaria de la pandemia
El Gobierno parece estar metiéndose en un problema serio con el asunto de las vacunas. Un problema que no era muy difícil de prever a poco que se hubiera observado cómo estaba evolucionando el asunto de la provisión en el resto del mundo, pero que sucumbió, como siempre, a las ansias de politización.
El mecanismo Covax y las Naciones Unidas han fracasado en este asunto de la gestión de la pandemia con un mínimo criterio de solidaridad mundial, que no es solo solidaridad, sino cuestión de supervivencia, pues sin curar a los más débiles, siempre existirá el riesgo de colapso. En cualquier caso, sin entrar a las consideraciones filosóficas, ninguno de los organismos multilaterales ha pretendido hacer ni decir nada al respecto de la distribución u orden que se debía aplicar en este asunto pandémico.
Cada país ha barrido para sus casas y sus intereses, cada cual a su medida. Los ricos han comprado cinco veces más dosis de las que necesitan y a un precio más alto, para que no quede dudas de quién manda. Los periféricos, mientras tanto, hemos aprovechado para ajustar cuentas políticas internas sacando trapitos al sol.
Arce anunció la compra de la vacuna rusa cuando todavía se trataba de un asunto ideológico, por lo que recibió críticas que han desaparecido ni bien los europeos decidieron que también se podía usar la Sputnik V porque no les llegaba del resto. Después dijo que se completarían las dosis con Pfizer y Astrazeneca, que por cierto ahora no quiere casi nadie en Europa porque parece no servir para los más vulnerables. Después, solito dijo que en este mes de febrero llegaría un millón de vacunas del Covax para empezar a vacunar masivamente, y el jueves finalmente se anunció la llegada, ahora sí, de 500.000 dosis de la también denostada vacuna china para, ahora sí, iniciar masivamente la vacunación.
Lo cierto es que hasta el momento solo han llegado 20.000 dosis, lo que alcanzaría para 10.000 personas de primera línea y que se ha tardado casi diez días en aplicar, lo cual anticipa catástrofe cuando se intente suministrar mayores cantidades en menor tiempo.
A todo esto, los datos han empezado a caer mal en determinados foros y se han rebajado las pruebas y con él, los positivos. El objetivo es, de nuevo, dar sensación de solvencia política más allá de la realidad diaria de la pandemia, que sigue destruyendo familias de diferente condición y sin distinguir privilegios. El Carnaval puede ser el detonante de una crisis que no se está gestionando adecuadamente ni en términos sanitarios, ni económicos, ni políticos, y prácticamente, ni morales, donde cada cual mira para su lado y su interés, mientras se ocultan las cifras de muertos, se sobredimensionan los efectos de una campaña de vacunación ínfima y se consagra el sálvese quién pueda, y quién tenga más.
La lucha contra la pandemia requiere de un pacto de Estado y ya no solo en lo económico, sino en lo sanitario, pues parecía difícil hacerlo peor que el Gobierno de Jeanine Áñez, pero la deriva autocomplaciente puede resultar igualmente letal.


